25 de agosto de 2010

El PSOE nos devuelve al pasado: del "pontazgo" al "autoviazgo".

Cualquiera que se acerque  a la ciudad burgalesa de Frías se quedará gratamente sorprendido por sus casas colgantes, por su castillo roquero  y por todo su casco urbano medieval 
Seguramente, dejando su vehículo en el aparcamiento situado en las proximidades de la población, se dé un paseo por el puente medieval, porque sin duda le habrá llamado la atención esa  majestuosa torre fortificada situada hacia la mitad del mismo. “El puente medieval de Frías, de 143 m de longitud y 9 arcos, es de origen romano, aunque reformado en la Edad Media, cuando se le dotó de una torre defensiva en la parte central, con saeteras, almenas y matacanes, y cuyo paso era previo pago (cobro del pontazgo)”.


Y aquí comienza nuestro  relato de hoy con el impuesto del  “pontazgo”. La enciclopedia Wikipedia  nos aclara este concepto: “El derecho de pontazgo fue un tributo cuyos orígenes se encuentran en la Edad Media en toda Europa y por el cual aquellas personas que cruzaban un puente pagaban una cantidad, en forma de lo que en la actualidad se conoce como arancel o peaje, en función del lugar de su residencia, su número y los bienes que portaban al paso.
Durante el feudalismo constituyó un instrumento de financiación de los nobles en las tierras de su propiedad y que los vasallos debían pagar. Aquellos que residían en el señorío, o estaban exentos o pagaban cantidades reducidas; sin embargo, quienes procedían de otras tierras debían satisfacer cantidades mayores. Con la progresiva desaparición del régimen feudal, el pontazgo se redujo al pago del tributo en los puentes de las grandes vías que comunicaban las poblaciones, quedando fuera de su ámbito aquellos ubicados dentro de las ciudades, salvo excepciones”.

Pere Navarro, durante una entrevista a la Cadena Ser,  nos anuncia que se está estudiando la implantación de un peaje en las autovías estatales, y, aunque aún está en el aire esa propuesta  tiene visos de prosperar. Dice el Director General de Tráfico que "todo gratis para todo el mundo no puede ser" y cree que lo lógico es que quién más utilice estas vías "debería hacer aportaciones económicas para su mantenimiento".  Cree que hay que reflexionar sobre el tema  "igual que el debate del copago en la sanidad".


Por último ha recordado que es un debate a nivel europeo donde la directiva que regula la gestión de carreteras declara que las grandes vías en Europa ya están construidas y que ahora el objetivo es mantenerlas. 
A  las declaraciones del Sr. Navarro se le pueden hacer algunas observaciones:

a) Los puentes se construían y había que mantenerlos con reparaciones continuas  con el dinero cobrado a aquellos que lo utilizaban. Sería el equivalente al concepto del “peaje” de hoy en las autopistas de esta categoría. El estado concede la licencia a una empresa para que construya la autopista y la explote durante  un tiempo determinado, finalizando el cual revierte al Estado.

b) Las autovías estatales se han construido con el dinero de los impuestos, y muy especialmente con el de los carburantes. Existen cálculos que determinan que si todos los ingresos del Estado por consumo de gasolinas se destinaran  a carreteras, su renovación sería constante.

c) Cuando Pere Navarro dice que "todo gratis para todo el mundo no puede ser" deja intuir que al menos para algunos lo sea, y según la conocida demagogia utilizada siemrpre por los mismos “deberán ser los de las clases más pudientes quienes paguen”. Si se cobra en una autovía estatal se estarán cobrando dos veces por lo mismo, una por circular y gastar gasolina, y otra por utilizar lo que se ha hecho con sus impuestos.


(Nota: obsérvese la inacabada  y en muchos tramos no iniciada Autovía del Duero, A-11, que tanto nos afecta a Aranda, y cuya  variante,  en estado muy avanzado, ha sido  paralizada por el Ministro de Fomento, y posiblemente vuelva a retomarse, lo que nos da idea de la improvisación en que se mueven o de la planificación del reparto de mercedes personales que les motiva).

d) Si se extrapolara la declaración de Navarro "todo gratis para todo el mundo no puede ser y lo lógico es que quién más utilice estas vías debería hacer aportaciones económicas para su mantenimiento" al campo de la educación, debería pagarla quien la utiliza, y lo mismo la sanidad y las fiestas que da el Ayuntamiento…todo lo cual supondría un revolucionario escenario social.

e) Consecuentemente surge otra pregunta: ¿Por qué se está estudiando el copago en sanidad y no en educación, por ejemplo? Seguramente alguien dirá que se están cometiendo abusos en el uso de las medicinas y visitas médicas, y que con una pequeña aportación podría evitarse el  despilfarro, en el caso de que lo haya,  y puede tener razón.  Pero habrá que pensar, por la misma razón, que quien no aprovecha, pudiendo hacerlo, las oportunidades que le brinda el sistema educativo, debería pagar por ello también. alguna cantidad.  Sería al menos para estudiar los casos de quien  no “estudia” porque no quiere y además molesta al que sí que quiere.

f) Hasta ahora, ¿Con qué dinero se ha hecho el mantenimiento de las autovías? Con los impuestos, por supuesto, y principalmente de las gasolinas. Lo que pasa es que actualmente se necesitan más recursos porque algunos  se han malgastado  y despilfarrado, y  no hay ni para obra nueva ni para mantenimiento.

De lo que se trata, y de una forma  engañosa, es que se  quieren subir los impuestos o implantar otros nuevos.

21 de agosto de 2010

La increíble y detallada narración de un albañil gallego: lo que pudo ser verdad y no haber sucedido.

Nadie duda de que, a veces,  la realidad supera  la ficción y que ocurren historias sorprendentes y difícilmente imaginables. Sabemos también que hay justificaciones de hechos, alegatos e informes que dejan boquiabierto a quien los lee, no sabiendo a que atenerse, si creerlo sin dudar o dudar para no creer. Más de un acontecimiento de esta clase ha pasado al saber popular  y se lo conoce como una simple “leyenda urbana”. No se trata, en esta ocasión,  de realizar un estudio exhaustivo sobre la realidad o fantasía de los hechos que se nos narran, y que si tampoco son nuevos, no dejan de sorprendernos y traernos una buena sonrisa que nos alivien los calores del verano y nos alejen por unos minutos de las zozobras económicas.

Todos sabemos que las compañías aseguradoras no sueltan un solo euro por un accidente si no están  muy seguras de que ha ocurrido e insisten en averiguar todos los detalles que puedan confirmarlo. De ahí que nuestro protagonista, un albañil gallego, tuviera que dar pelos y señales, y hasta hacer una demostración de física  aplicada para que le creyeran y le pagaran las indemnizaciones correspondientes. Dicen que se trata caso verídico, y que el texto responde a una transcripción literal del original, contenido en el archivo de una aseguradora. Nos dicen también que el caso fue juzgado por  el Tribunal de Primera Instancia de Pontevedra (España):

Los que ya lo conozcáis podréis recordarlo, y los que no lo conocíais, deciros que es caso fuera de lo común entre un contenedor de ladrillos, una cuerda, una polea y un albañil gallego como sujeto de la peripecia o accidente. El autor podría haber elegido a un catalán o vasco o andaluz o castellano o …pero eligió a un gallego. Y aquí comienza la historia.

    "Excelentísimos señores:

En respuesta a su pedido de informaciones adicionales a la declaración de mi accidente donde mencione que ocurrió "tratando de ejecutar la tarea y sin ayuda", les envío una declaración mas detallada, con lo que espero que lo que sigue aclare de una vez por todas sus dudas.

    Soy albañil desde hace diez años. El día del accidente estaba trabajando sin ayuda, colocando los ladrillos en una pared del sexto piso de un edificio en construcción de esa ciudad. Finalizadas mis tareas, verifiqué que habían sobrado, aproximadamente 250 kilos de ladrillo. En vez de cargarlos a mano hasta la planta baja, decidí colocarlos en un barril y bajarlos con ayuda de una roldana que felizmente se hallaba en una viga en el techo del sexto piso.

 Bajé hasta la planta baja, até el barril con una soga y, con la ayuda de la roldana, lo levanté hasta el sexto  piso, atando el extremo de la soga en una columna de la planta baja. Luego subí y cargué los ladrillos en el barril. Volví a la planta baja, desaté la soga, y la agarré, con fuerza, de modo que los 250 kilos de ladrillos bajasen suavemente (debo de indicar que en mi declaración a la policía he declarado que mi peso corporal es de 80 kilos). Sorpresivamente, mis pies se separaron del suelo y comencé a ascender rápidamente arrastrado por la soga. Debido al susto, perdí mi habitual presencia de espíritus, irreflexivamente, me aferré mas a la soga, mientras ascendía a gran velocidad.

    En las proximidades del tercer piso me encontré que bajaba a una velocidad aproximadamente a la de mi subida, y me fue imposible el evitar el choque. Creo que allí se me produjo la fractura de cráneo.

    Continué subiendo hasta que mis dedos se engancharon dentro de la roldana, lo que provoco la detención de mi subida, también quebraduras múltiples de los dedos y de las muñecas. A esa altura (de los acontecimientos) ya había recuperado mi presencia de espíritu, y pese a los dolores continué aferrado a la cuerda. Fue en ese instante que el barril choco contra el suelo, su fondo se partió, y todos los ladrillos se desparramaron.

    Sin ladrillos, el barril pesaba aproximadamente 25 kilos. Debido a un principio simplísimo de física, comencé a descender rápidamente hacia la planta baja. Aproximadamente al pasar por el tercer piso me encontré con el barril vacío que subía. En el choque que sobrevino a continuación estoy casi seguro que se produjeron las fracturas en los tobillos y nariz. Este choque felizmente disminuyo la velocidad de mi caída, de manera que cuando aterrice sobre la montaña de ladrillos solo me quebré tres vértebras.

    Lamento, sin embargo, el informar que cuando me encontraba caído encima de los ladrillos, con dolores insoportables, sin poder moverme y viendo encima de mí el barril, perdí nuevamente mi presencia de espíritu y solté la soga. Debido a que el barril pesaba más que la cuerda, descendió rápidamente y cayó sobre mis piernas, quebrándoseme las dos tibias.

    Esperando haber aclarado, definitivamente, las causas y desarrollo de los acontecimientos, me despido atentamente".




Merece la pena  oír el audio siguiente:

16 de agosto de 2010

La carpa nueva de la plaza .


La sátira


I
Aquellos que criticaron // la reforma de la plaza,
que hablaban de su tristeza // y alegría no encontraban,
deberán reconocer // que aún no estaba terminada:
faltaba  cierto  artilugio // que en proyecto figuraba,
otorgando a ese lugar // señorío y elegancia, 

modernidad progresista // y de servicios prestancia,
dejándole boquiabierto // al criticón papanata
que no sabe distinguir // el oro de la hojalata,
y es incapaz de apreciar // la belleza dibujada
en el perfecto conjunto // de la obra realizada.


 II
¿En qué consiste el prodigio? // De qué portento se trata
que una vez puesto en su sitio // ha cambiado el panorama
añadiendo colorido // a la fúnebre ensolada?
Sobre el gris de las losetas // hacia el cielo se levantan
dieciséis nobles columnas, // dieciséis robustas lanzas,
dieciséis cuerpos de acero // que forman una maraña,
un laberinto de postes, // un bosque de inocentada.
Columnas de dos alturas // se alternan altas y bajas,
formando picos de sierra // recuerdan la mar picada,
espectáculo de sombras, // en las noches estrelladas.

 III
Las columnas de renombre // gozan de muy justa fama:
Sansón las tiraba de a dos, // Hércules de a dos separaba,
Simeón el Estilita // en la columna moraba.
Las columnas de Bernini // de la plaza vaticana
serán el gran referente // para poder compararlas
con estas del artefacto // que se vislumbra a distancia,
disfrutándolas la vista // solamente con mirarlas.
A los famosos y santos, // a las princesas e infantas,
a los que han hecho algo, // y a los que no han hecho nada
 a las columnas los suben, // de las columnas los bajan
aquellos que en el momento // son los que ordenan y mandan.


Dieciséis columnas hay // y es preciso aprovecharlas:
para cada una, un nombre // o en cada una, una estatua
de personas conocidas // de la vida ciudadana
o de quien ha trabajado // por el bien común de Aranda,
de todas las profesiones // alcaldes o concejalas,
todo un reconocimiento // por sus labores prestadas.
IV
Entre columna y columna // unas telas enlonadas
de suave color arena // y  en amarras bien tensadas
es la parte del invento // de confección esmerada
que nos recuerdan las velas // hacia el viento desplegadas
de un velero de otros tiempos // en la plaza castellana.
“PÉRGOLA” la llaman unos, // que es esdrújula palabra
y que hunde sus raíces // en la lengua italiana.
otros lo llaman “TOLDO” // que es una voz castellana,
más vulgar y menos fina, // más antigua y más gastada. 



Entre los diversos nombres // destaca el propio de “CARPA”
que es lo realmente puesto // en el medio de la plaza.
Por ser multiculturales // con influencias extrañas
y recordando lo visto // también la llaman “LA JAIMA”,
usada por  bereberes // como su auténtica casa
cuando cruzan los desiertos // en inmensas caravanas
para comprar y vender // camellos, sedas y cabras.
V
Los autores van diciendo // con sonrisas muy forzadas:
“Lo que nadie pone en duda // de las telas ovaladas
es que es obra meritoria // de las mentes más preclaras
que nos deja disfrutar, // de utilidad diseñada,
de una sombra protectora, // de una sombra codiciada
en los días de calor // en la apacilble solana.”


Pero todos no comprenden // y a todos no les agrada
el enjambre de columnas // y esa “lonas ajaimadas”
que han puesto sin avisar // de la noche a la mañana.
¿Para que puñetas sirve? // ¿Para qué diantres lo plantan?
¿Quién demonios ha pedido // que nos pongan una carpa?
Parece que no recuerdan // cuando nos daban la lata:
“Queremos un solar libre, // una diáfana explanada;
quitemos la fuente-tiesto // y dejemos limpia el ágora".
Y si un poco se descuidan // los árboles nos levantan;


"Y el kiosko de la música, // ¡que lo lleven a hacer gárgaras!.
No queremos ver obstáculos, // que ningún objeto haya
que pueda dificultar // los conciertos y veladas,
las actividades cultas // y alguna que otra bobada.”
Esa era la intención // y resultó idea vana:
al gris triste de las losas // le han añadido una carpa,
una pérgola  o un toldo, // o de árabes la jaima,
un “chinchán” de lona y hierro // o como quieran llamarla.
Querían algo distinto // y que cien años durara,
pero de toda esta obra, // la única ventaja clara
será durante las fiestas // y cuando toque la banda
del Ejército del Aire // los pasodobles y marchas,
disfrutarán de esa  sombra // las personas invitadas,
las dignas autoridades // con sus sillas reservadas.



VI
 Los ciudadanos de Aranda  // han de transmitir las gracias
al Ilustre Ayuntamiento // por modernizar la plaza,
con apoyo del Gobierno // que es el que ha puesto la pasta
recaudada en los impuestos // de todos los que los pagan.
¡Una plaza es para siempre!, // ésta será recordada
por sus grisáceas losetas // y por la moderna “ JAIMA.”
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 Otros romances relativos a la Plaza Mayor.
La plaza de las arquetas  (primera parte)
La plaza de las arquetas (segunda parte)
La Plaza de las arquetas (tercera parte:calzada bu-bo-ba)

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11 de agosto de 2010

Memorias de un inicio y consciencia de un presente

El verano pasado de 2009 publiqué en el periócido digital  "Diario de la Ribera," en comentarios a las  noticias, un “romance" a la obra  realizada en la Plaza Mayor de Aranda. Al día siguiente fue superpuesto con otra noticia y comentarios. Volví a realizar la misma operación  y sucedió lo mismo,  sin ninguna explicación. Al fin y al cabo,  era sólo una fina sátira  a una obra  con luces y sombras,  y reconozco que cada empresa, industrial  o periodística, emplea la política comercial que más le interesa,  por lo que no cabe ningún reproche. Envié también, como despedida,  unos versos de Quevedo:

“No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado”.

Decidí formar mi propio blog sin temor a ningún tipo de censura, comercial o ideológica, y  publicar aquello que sepa, pueda y quiera. Cuando se cumpla el primer año de vida del blog, se realizará un análisis  su evolución.

El día 11 de octubre de 2009 publiqué en este blog, “Diálogos del Duero",  en plan satírico
La plaza de las arquetas (primera parte),  y  de la que entresaco algunos versos:

De todos los componentes
Lo que más brilla y destaca
Es el número de arquetas
Que en el suelo hay instaladas,
Arquetas de oscuros grises,
Arquetas articuladas,
Las hay de hierro fundido,
Y las hay enmarquetadas,
Unas de electricidad
Y otras de potables aguas,
Unas de telefonía
Y también para el gas, haylas.
Son arquetas funcionales,
De dimensiones variadas;
Son arquetas que destacan
Sobre el gris de la enlosada.
Se cuentan por centenares
Las arquetas renombradas;
Las hay en grupos de cinco
Y las hay emparejadas;
Unas nombran el servicio
Y otras no nos dicen nada;
Parecen fichas de un puzzle
Que nunca serán encajadas.
Quien contemple la visión
De las arquetas de Aranda
Pregonará por doquier
Esta merecida hazaña
De juntar en un recinto,
Y lograr la justa fama,
El mayor número de arquetas
Que se haya visto en España.

Observando la controversia existente entre el personal, unos a favor y otros en contra de la obra de la Plaza, creí oportuno escribir una segunda parte  del primer romance, y así el  jueves, día 29 de octubre de 2009, publiqué La plaza de las arquetas (segunda parte) , de la que destaco algunos versos:
...


Algunos que criticaron
De forma tan contundente
“Esa obrita” de los Tercios,
Andan un tanto silentes:
No quieren que les comparen
No quieren que les recuerden
Que una ZARCERA se pone
Y se quita fácilmente,
Pero la plaza de arquetas
La tendremos para siempre
Como un castigo divino,
Otros dirán mala suerte.
O hasta que les salga pelo
a las ranas  o los peces.
Viendo que algunos defectos de la construcción seguían presentes (y aún hoy siguen,  un año después) publiqué el  jueves, día 5 de noviembre de 2009, La plaza de las arquetas (III): calzada Bu-Bo-Ba (Bu ena, Bo nita, Ba rata), de la que se extraen ciertos versos
Por las calles arandinas,
A las orillas del Duero,
Se oye cantar esta copla:

“En la plaza de mi pueblo
Han dejado unos adornos,
Que son simples agujeros,
Y como no los rellenen
Con ellos nos  quedaremos.”
Como a esa sentida queja
Sólo le llega el silencio
Lo haremos con un romance
Por si surte más efecto:



En la plaza hay adoquines // que forman una calzada //
Y entre adoquín y adoquín,  // de pegamento no hay nada //
Porque aquello que pusieron, // que era cual moco de pava, //
El primer día de lluvia // se lo llevaron las aguas,  //
y no de las torrenciales // Sino de aquellas escasas. //

Sólo se ven agujeros // entre las adoquinadas //
Piezas, y lo que tuvieron, // cemento u otra sustancia //
Parece que está disuelto // como  azucarillo en agua //
O haber desaparecido //  como por arte de magia. //
Todos preguntan por qué // eso que amalgamaba //
No está entre los adoquines // ni tampoco en la losada //
Y quien tiene que explicarlo // da por respuesta callada.//

Se cuentan por centenares,  // los agujeros que llaman //
La atención del viandante // y del tacón que se clava, //
Del zapato que se rompe // y de muy gruesas palabras. //

La cosa terminó así y sin más pretensiones que un poco de alegría y algo más de sátira.

Al ver de nuevo colocadas durante este verano de 2010 las columnas y las lonas,  y por aquello de que la imaginación es libre, he compuesto otro romance, en el mismo tono suave y burlón que los anteriores, del que adelanto unos versos y que será publicado en su totalidad en fechas próximas.

La carpa nueva de la plaza.
… …
¿En qué consiste el prodigio? // De qué portento se trata
que una vez puesto en su sitio // ha cambiado el panorama
añadiendo colorido // a la fúnebre ensolada?
Sobre el gris de las losetas // hacia el cielo se levantan
dieciséis nobles columnas, // dieciséis robustas lanzas,
dieciséis cuerpos de acero // que forman una maraña,
un laberinto de postes, // un bosque de inocentada.
Columnas de dos alturas // se alternan altas y bajas,
formando picos de sierra // recuerdan la mar picada,
espectáculo de sombras, // en las noches estrelladas.
… …



En estas fechas en las que la política municipal, y en un partido político muy especialmente,  viene complicada y tensa, trataré de publicar algunas entradas de humor. Ya  llegará septiembre, con las fiestas, y volverá a cumplirse inexorablemente el adagio latino “post festum, pestum”. Tras ellas comenzará un nuevo curso escolar y un nuevo año político, el último de esta ligistatura municipal, que desembocará en renovadas promesas difíciles de cumplir. De momento, “Carpe diem”.

5 de agosto de 2010

El poder de las camarillas

Cuentan que cuando  Fernando VII, el Rey Felón, volvió al trono de España, Juan Martín Díez, el Empecinado, regresó a Madrid. El monarca le fue presentando y dando a conocer a cada uno de los personajes de la Corte, digamos mejor de la "Camarilla", y se produjo este singular diálogo:
 
-    Supongo que no conocéis a ninguno, dijo el Rey.
-    Por supuesto, señor, que  no conozco a ninguna de estas importantes e ilustres personas que os acompañan. No he viso a ninguno de ellos tomar parte en la campaña contra el invasor a quien hemos vencido y echado.
Posiblemente ninguno de los componentes había luchado contra el enemigo francés ni había sufrido penurias por esta causa, pero ahora ostentaban el poder y lo ejercían contra todos aquellos que pudieran hacerles sombra, arrebatarles sus privilegios o simplemente denunciar su situación predominante. Al final, condenaron a muerte  al mismo héroe guerrillero.
 “No hay nada nuevo bajo el sol” (“Nihil Novum Sub Sole”). Esta conocida frase del Eclesiastés (1-10) podrían repetirla hoy muchas personas, y entre ellas Francisco Álvarez Cascos.

Todos recuerdan a Cascos como el “guerrillero” en la oposición,  el gestor eficaz en el Gobierno de Aznar y el azote de los socialistas desde uno y otro  puesto. Arriesgó, trabajó  y ganó. Por ello fue encumbrado por los suyos e insultado y ultrajado por sus adversarios. Fue fiel a Aznar y se retiró de la primera línea cuando el líder lo hizo.

 Han pasado ya seis largos años de todo esto, y cuando se ha brindado a volver a la política activa en su tierra, Asturias, han sido algunos de sus supuestos compañeros los que se han opuesto  y se oponen rotundamente  a que Cascos inicie su particular reconquista.
 
 Los votantes populares, el pueblo, están con él, y según confirman las encuestas podría ganar las próximas autonómicas asturianas  por una mayoría absoluta muy holgada. Sin embargo, los aparatos de los partidos, digamos mejor camarillas, y en este caso del PP de Asturias, grupo de burócratas que ni dan la cara ni arriesgan nada de sus personas, que ni trabajan por el bien del partido ni  se exponen al juicio de la sociedad, son los que ostentan el poder de decisión hurtándoselo a la voluntad ciudadana y a sus propios afiliados.

Álvarez Cascos parece estar dispuesto a liderar el proyecto popular asturiano siempre que se le permita decidir en los asuntos importantes y se le deje formar su propio equipo de trabajo. Las bases y los cuadros intermedios están encantados, pero los jefecillos que han sudado tanto para conseguir los puestos que ocupan no se arriesgan a perder su parcela de poder ni su medio de vida. Sencillamente no  pueden desprenderse de su trofeo, ni recuerdan que están ahí porque  años antes, otros, y entre ellos, el ahora aspirante, trabajaron muy duro para colocar al partido  en la posición que hoy ocupa. Lo triste es que desde Génova tampoco dicen nada. Parece que también se teme más de uno al vendaval Cascos convertido en un poderoso nuevo “barón popular”.
 
Este mismo problema se extiende, cual mancha de aceite, por toda la geografía patria y por todas las siglas: las “nomenklaturas” priman sobre las bases. La soberanía popular y el poder de los afiliados quedan en  un número muy reducido de manos que ni son las más preparadas ni a veces, las más honradas, ni mucho menos las mejores, ya que los partidos  ni cuentan con mecanismos de selección ni están por la labor de elecciones primarias. No desean en absoluto  que los afiliados elijan y decidan. Sin embargo, esas minorías serán los más obedientes, los más callados y aduladores, y los más dispuestos a tragar sapos y culebras cada vez que se planteen problemas. Verán enemigos en los compañeros del propio bando y silenciarán las  opiniones contrarias a sus intereses.

No sólo es necesario establecer un sistema de listas abiertas, sino abrir los partidos a la sociedad, airearlos e higienizarlos poniendo fecha de caducidad a los mandatos, si queremos que esta democracia malherida no llegue a ser depreciada por la sociedad y se regenere antes de que se muera por acción de unos y omisión de otros.
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Las imágnes han sido tomadas de Wikipedia de las páginas citadas.


30 de julio de 2010

Reflexiones sin esperanza.

Las siguientes palabras se encontraron escritas en la lápida de un obispo anglicano en la  Abadía de Westminster:

“Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.
Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar sólo mi país.
Pero, con el tiempo, me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia y  a los más cercanos a mí.

Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y —quien sabe— tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo.”

Después de leer el texto anterior, y parafraseando, más de uno podría escribir lo siguiente:

“Cuando era joven y tenía la ilusión de cambiar la vida política de mi país, me afilié a un partido político.

Como el tiempo pasaba y no conseguía absolutamente nada me propuse algo más modesto: cambiar las formas y algunos contenidos del partido.

Viendo que era empresa imposible llevar a buen término idea tan seductora, intenté hacer los cambios en el ámbito comarcal y local. El esfuerzo resultó estéril, ya que los resultados fueron nulos.

Hoy, después de muchos años de militancia, me encuentro dentro y fuera del partido, observando su trayectoria, sus mensajes, a veces incoherentes, y hasta las luchas intestinas por buscar o conservar el poder, y he llegado a comprender algo muy sencillo: si hubiera intentado cambiarme a mí mismo, quizás mis compañeros hubieran seguido mi ejemplo y hubieran cambiado sus actitudes y comportamientos, y éstos hubieran influido en los superiores provinciales y autonómicos, y quizás  los aires de renovación hubieran llegado a la cúpula del partido, que a su vez hubiera podido determinar ciertas acciones que mejorarían el bienestar de España”

Leído lo anterior,  es muy posible que aflore en nosotros algo que llevamos dentro (“In interiore hominis habitat veritas”): el sentido crítico hacia lo que nos rodea y la ilusión de cambiar para mejorar.

Cuando la crítica es un análisis objetivo de los hechos, alejado de una predisposición negativa, nos proporciona rectitud en los juicios y fiabilidad en la valoración, lo que la convertirá en una crítica constructiva.

Si empezamos la crítica por nosotros mismos, seguramente esta reflexión nos reporte humildad, objetividad y comprensión con los actos ajenos, y así podamos entender mejor a los demás después de haberlo hecho con nosotros mismos. La consecuencia inmediata es saber aceptar la crítica ajena y modular la nuestra.

El momento de la crítica propia y ajena es el comienzo del cambio. Quien no hace nada no será criticado, pero nadie le tendrá en cuenta. Se critica a quien se mueve, y sobre todo, lo hacen quienes no hacen nada positivo, pues ven inconscientemente comparadas sus vidas. También le  critican quienes piensan y actúan de modo contrario, convirtiéndolo en enemigo cuando sólo deben ser adversarios (políticos). También le criticarán, con frecuencia,  quienes piensan igual y tienen los mismos intereses, pero lo hacen por celos o envidia.

El que desea cambios es criticado por quienes no hacen nada (prescindibles) y por quienes hacen algo, lo mismo o lo contrario (imprescindibles). ¿Merece la pena intentar cambiar ciertas estructuras políticas anquilosadas de algunos partidos políticos que pregonan su democracia interna pero que carecen de ella en la práctica? ¿Merece la pena  continuar y apoyar a quienes pretenden acallar las voces de los que quieren mejorar el presente? ¿Merece la pena acompañar a los que consiguen que otros, tan válidos o más que ellos,  se retiren, voluntariamente, a los cuarteles de invierno, o que abandonen definitivamente su esperanza de participar en la acción política?

Empecemos por hacer el cambio en nosotros mismos, como señaló el obispo anglicano, y esperemos a ver los resultados.

24 de julio de 2010

Las gafas: una inesperada confusión

Dicen que hace algunos años,  un atento mozo enamorado viajó desde su localidad , muy próxima a la nuestra a Madrid. Sabiendo que su novia necesitaba unas gafas nuevas y modernas, le surgió la ocasión de comprarle unas muy bonitas y baratas. Entró  en la óptica, y después de ver unas cuantas, se decidió y le compró unas muy llamativas.

La dependienta se las envolvió y pagó la cuenta, pero al marcharse, en lugar de coger la caja con las gafas, cogió otra muy parecida que había al lado y que contenía unas bragas, que seguramente alguna clienta de las que había en la óptica se acababa de comprar.

El joven, absorto en su regalo, no se dio cuenta de la equivocación, así que desde allí se fue directamente a correos y le envió la caja a su novia junto a una carta. La novia recibió el paquete y se quedó perpleja por el contenido, por lo que leyó la carta que decía:

“Querida mía:
Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te hacen, ya que no tienes ningunas, pues las otras que tenías llevabas ya mucho tiempo con ellas y estas son cosas que se tienen que cambiar de vez en cuando.
Espero que haya acertado con el modelo. La dependienta me dijo que eran la última moda y me enseñó las suyas que eran iguales. Entonces yo, para ver si eran ligeras, cogí y me las puse allí mismo. No sabes como se rió la dependienta, porque estos modelos femeninos, en los hombres quedan muy graciosos y más a mí, que ya sabes que tengo unos rasgos muy alargados.
Una muchacha que había allí me las pidió, y se quito las suyas y se las puso para que yo viera el efecto que hacían; Me parecieron estupendas, me decidí y las compré.
Póntelas  en cuanto te lleguen  y enséñaselas a tus padres, a tus hermanos, en fin, a todo el mundo, a ver que dicen. Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las viejas, y más ahora que has estado tanto tiempo sin llevar ningunas. Si te están muy pequeñas me lo dices, que si no te van a dejar señal cuando te las quites para ir a la calle y todo el mundo va a notar que las tienes. Ten también cuidado que no te estén grandes, no sea que vayas andando y se te caigan. Llévalas con cuidado no vayas a romperlas y sobre todo, no vayas a dejártelas por ahí y las pierdas, que tienes la costumbre de llevarlas en la mano para que todos vean tus encantos.
En fin, para que te voy a encargar nada más; sólo te digo que estoy deseando vértelas puestas. Este es el mejor regalo que podía hacerte, cariño".
Una confusión como la anterior  nos trae una sonrisa. Pero confusiones como otras que nos proporcionan los políticos  crean sonrojo y enfado en quienes ls sufren.


20 de julio de 2010

La crisis financiera.

Llevamos unos años oyendo hablar de “la crisis financiera”, y cada partido político intenta explicarla a su modo, acomodarla a sus intereses y dar sus recetas y recomendaciones para salir de ella. Pero los ciudadanos de a pie no lo entienden tan fácilmente y aparecen las frustraciones y el desencanto.  Me ha llegado un “correo” que merece la pena leer.

“La crisis financiera explicada de manera sencilla”
Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos en paro, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
 Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico. 

Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes. Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.

Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.
Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?

En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.
 Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es camelancia; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.

Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar. Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.

Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.
Nota: Y Heidi pierde el bar. 

Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor.. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.

El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán los abstemios.
Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.

14 de julio de 2010

El PdP y los p.p.: El "Principio de Peter" y los partidos políticos (y III)

Redefiniendo “El Principio de Peter”, cambiando el término “empleado” por “político profesional” ya que la política es una empresa de políticos interesados, de elementos políticamente activos, nos quedaría así:

"En una jerarquía, todo “político profesional” tiende  a ascender hasta su nivel de incompetencia".
Y como corolario de su famoso principio,
Peter deduce los dos siguientes:

"a.    Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un “político profesional” que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
b.    El trabajo es realizado por aquellos “políticos profesionales” que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia".

En un partido político, las personas que cumplen bien con su cometido son promocionadas a puestos superiores hasta alcanzar su nivel de incompetencia, por lo que muchos puestos de elevada responsabilidad son ocupados por políticos con insuficiente preparación para el nuevo puesto, lo que conduce a errores irreversibles.

¿Existe algún proceso concreto de selección entre los políticos para la designación de los puestos? En principio, ninguno. Por regla general, los candidatos son extraídos de entre los afiliados o independientes por un comité electoral, que los considera los más idóneos y a ser posible que no superen el nivel del líder, en su escalón correspondiente. Los gobiernos de Zapatero son una muestra clara de que las cualidades de los ministros no deben sobrepasar las del Presidente.

Uno de los grandes problemas de los partidos es el método de selección que aplican, en el que no se tienen en cuenta las características del cargo a desempeñar ni el estudio objetivo de las cualidades del candidato que quieren imponer. Podría ser subsanado por elecciones primarias, en las que los candidatos que lo desearan se postularan para el puesto y fueran los afiliados quienes eligiesen entre ellos y no el comité electoral de turno. Esto no se pondrá en práctica, porque muchos de los puestos que ostentan los ya aposentados durante años,  podrían ser desbancados por los pretendientes, siempre más activos, con mayores ilusiones y más luchadores (más competentes) que buscan el ascenso y desplazar a los que ya han conseguido su nivel de incompetencia. El segundo paso y complementario estaría en la elecciones con listas abiertas, y que los ciudadanos eligiesen entre las personas, pero esto tampoco lo aceptarán las “nomenclaturas” de los partidos por el elevado número de personalidades independientes que podrían filtrarse y de los que no tendrían obediencia  ni disciplina de partido.

Un partido político con poder genera muchos puestos a desempeñar: unos electos, otros de libre designación y otros de funcionarios del partido. ¿Por qué hay siempre problemas para la confección de las listas electorales si se supone que los partidos son democráticos y que buscan a las personas mejor preparadas y que mejor sepan transmitir a la sociedad el mensaje? Las elecciones primarias dentro del partido evitarían amiguismos, enchufismos y servilismos, a la vez que elevarían el nivel de los posibles candidatos aprovechando las sinergias de la participación y el apoyo de las bases, cosa que ahora no existe. Si no cuentan con las bases para la elección de los candidatos, aquellas pueden desentenderse y no apoyar con la fuerza suficiente a los candidatos que les han sido impuestos.

Una señal evidente de que el dirigente ha llegado ya a su nivel de incompetencia es el que se produce cuando se parte desde el poder del Gobierno (municipal, regional o nacional) en unas elecciones y se pierden. En este caso sólo se tiene una alternativa democrática: su dimisión y la de su equipo de responsables, y permitir que otros “más competentes” accedan al puesto. Si no abandona el cargo será  señal de que es un auténtico político profesional sin otro medio de vida que la política,  y al sillón, casi de su propiedad, se aferrará,  impidiendo la regeneración vital del partido.

El “factor antigüedad” de Peter puede solucionarse con la permanencia controlada de los tiempos, impuesta como norma en los partidos, determinando y concretando los años  que se puede estar en cada puesto, evitándose  así las presiones ejercidas de abajo hacia arriba.

El  importante cargo de “coordinador para dotar de competencia a los incompetentes” no existe como tal en los partidos, por lo que se suplanta con el “factor amigo”, o “factor recomendación”, ya que no hay forma de que los nuevos valores puedan darse a conocer al resto de afiliados.

Los otros dos factores “impulso” y “ascenso” tienen en los partidos una gran vigencia. El “impulso” lo ejercen los ya instalados en un puesto y  que aspiran al siguiente de mayor relevancia, amenazando, llegado el caso, con deserciones o fracturas en el partido. De esa forma ejercerá una presión superior a la de quien se está formando para ser más competente, y esperando que le llegue el “ascenso” como una dádiva generosa  de los de arriba. Tal como andan los partidos políticos, con una gran  carencia de de democracia interna, la mejor  solución ante el nudo gordiano que les coarta es cortarlo directamente, no intentar deshacerlo, y demostrar que tienen lo que dicen ser y tener: democracia interna.

8 de julio de 2010

El PdP y los p.p.: El "Principio de Peter" y los partidos políticos (II)

Debemos fijarnos en dos términos antes de aplicar “El Principio de Peter” a los partidos políticos: “competente” y “político profesional”. El DRAE define a la persona “competente” como “apta, idónea”, y al “incompetente” como al carente de esas cualidades. La aproximación a la idea de “político profesional” es bastante más compleja, pero es preciso intentarlo.

Max Weber,  en su obra “El político y el científico (1918)”, hace una clara distinción entre políticos “ocasionales” y políticos “semiprofesionales”. Los primeros (“ocasionales”) lo somos todos nosotros cuando depositamos nuestro voto, aplaudimos o protestamos en una reunión “política”, hacemos un discurso “político” o nos manifestamos de algún modo sobre la realidad. Políticos “semiprofesionales” son hoy, todos esos delegados y directivos de grupos políticos que, por lo general, sólo desempeñan estas actividades en caso de necesidad, sin “vivir” principalmente de ellas y para ellas, ni en lo material ni en lo espiritual.

Max Weber nos muestra tres cualidades decisivas para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura. Pasión en el sentido de entrega apasionada a una “causa”; responsabilidad para que esa causa oriente la acción política, y en esa responsabilidad entrará la mesura que hará alejarse de los extremismos.

La política puede ser “honoraria”, y entonces estará regida por personas “independientes”, es decir, "ricas (no necesariamente acaudaladas) o que no necesiten de ella para vivir"(tiene su profesión y trabajo diferente de la política); pero si a  la dirección política acceden personas carentes de patrimonio y recursos, éstas resultarán ser  un puro "prebendado" o un “funcionario” a sueldo del partido.

¿Y cuál será la figura típica del "político profesional"? La política es una empresa de políticos interesados, de elementos políticamente activos. ¿Qué entendemos por “profesional”?  En ciertos oficios o profesiones lo tenemos claro: sabemos qué es un médico, o un abogado, o un fontanero. Denominamos profesional al que se  ha dedicado parte de su vida a preparase en un campo determinado y que demuestra poseer conocimientos suficientes en esa especialidad. Todo ello ofrece calidad al usuario del servio demandado y no permite el intrusismo en su profesión de alguien ajeno a ella.

¿Puede aplicarse este concepto de “profesional” al político? No sería muy acertado,  ya que no existen unos estudios determinados y ajustados que lo formen, y el ejercicio de esa profesión política tampoco nos garantiza calidad en la función. Más bien, los ciudadanos lo consideran algo desprestigiado por los resultados nefastos de muchas de sus acciones. Del intrusismo, mejor no hablar,  pues todos los somos en mucho o en parte. El hombre es animal político por naturaleza:

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado." Aristóteles, Política.:

Después de haber mencionado a los políticos “ocasionales” y  a los “semiprofesionales”, ¿Podremos hablar de los “aficionados”? Si nos refiriéramos a los  “aficionados a la política”, habríamos de incluir en este apartado a un gran número de ciudadanos que compatibilizan su quehacer diario con cierta actividad política que viven y sienten, y de la que nos cobran remuneración ninguna. Entre ellos los hay con mucha preparación y experiencia que ponen al servicio de sus compañeros de partido.


Para Weber hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive para la política o se vive de la política. El político por vocación está al servicio de unos ideales concretos, mientras que el político profesional  hace de esta noble actividad un oficio que mejore notablemente su status social  gracias al dinero y al poder. En la política conseguirán lo que en la actividad civil de su oficio o profesión les estaría vedado a bastantes de ellos.

Muchos de estos políticos profesionales se eternizan en los cargos públicos, pasando de un puesto a otro, de un ministerio a otro, del Senado al Congreso, de la alcaldía al Senado, o a tantos puestos como combinaciones matemáticas existen. El político profesional sabe de todo y de nada, es versátil y flexible, y si su ineptitud genera un desastre, el partido lo sacará de él, pues para eso está la solidaridad del compañero. El desprecio popular al profesional político no hará que se  cambie y modifique el sistema. La corrupción de algunos políticos a duras penas provoca regeneración, según demuestra la experiencia.

Y así hemos llegado a este grupo final de los “políticos profesionales” que ejercen la política  de forma remunerada, porque ostentan un cargo, bien dentro del partido  o  de representación ciudadana. Son los políticos que viven de la política, e incluso algunos de ella se sirven, y de ella obtienen sus ingresos principales. Dado que el partido político es una empresa política de interesados, de elementos políticamente activos, con los “políticos profesionales” como agentes principales, a ellos aplicaremos “El Principio de Peter” en el próximo capítulo, y  a ver lo que resulta.

1 de julio de 2010

El PdP y los p.p.: El "Principio de Peter" y los partidos políticos

En los años setenta constituyó un rotundo éxito un librito pequeño de tamaño y grande por su contenido, titulado “El Principio de Peter” (The Peter Principle, de 1969). Los ejecutivos disfrutaron de  su ironía y fino humor, y fue un factor influyente en infinidad de decisiones empresariales. Los partidos políticos del arco parlamentario español se parecen mucho  una empresa jerarquizada, tanto en su estructura piramidal como en sus fines, beneficios en la una y votos convertidos en poder en los otros.

Laurence J. Peter enunciaba así su principio: "En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. " 
 
Y como corolario de su famoso principio, Peter deduce los dos siguientes:

"a.    Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.

 b.    El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia".

En  una empresa, las personas que cumplen bien con su trabajo  son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad repetidas veces  hasta alcanzar su propio nivel de incompetencia. Consecuentemente, muchos puestos de elevada responsabilidad son ocupados por profesionales de insuficiente preparación  para su cometido, lo que conduce a importantes e irreversibles errores.

La clave está en el proceso de selección  de las personas para los puestos a cubrir, que no tiene por qué ser extracción de la propia organización. El que un empleado cumpla bien con su cometido no implica que cumpla igualmente bien  con el nuevo cargo asignado. Deben definirse  las funciones del puesto a cubrir y,  las aptitudes y actitudes del candidato. 

 En una empresa donde la cadena “de mando” es larga,  con numerosos escalones, y donde hay una única “cumbre o muchas únicas cumbres”  que alcanzar, este principio hará estragos. Es lo que ocurre en los partidos políticos: hay muchos puestos en muchos sitios y muchos pretendientes.
 
Don José Ortega y Gasset fue el primero en exponer un aforismo semejante, pero en 1910:"Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes".
 
El principio de Peter  fue la conclusión de muchas experiencias distintas y explica también la acumulación de personas en organizaciones: se incrementa el personal para tapar la incompetencia de los que mandan y trata de mejorara la eficacia con nuevas incorporaciones, ascensos, hasta que estos también llegan a su nivel de incompetencia.

Para comprender y explicar el proceso de la llegada los nuevos valores a los niveles de responsabilidad, Peter estudió el “factor antigüedad” como la presión ejercida hacia abajo y opuesta al movimiento ejercido hacia arriba de los empleados competentes que intentan ascender. Las jubilaciones y prejubilaciones solucionan teóricamente el problema de las empresas: aquellos “J.A.S.P” del anuncio era el mensaje (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) del relevo, aunque también se llevó por delante auténticos profesionales, preparados y competentes.

En la “cadena de mando” hay un puesto distinguido e importante a quien Peter denomina el empleado “coordinador”, cuya misión es dotar de competencia a los incompetentes, mediante la planificación y el estudio de puestos y personas, para que lleguen a los cargos de responsabilidad los competentes que hagan el relevo de los ya en ese momento incompetentes. De lo contrario se volverá a confirmar una vez más el Teorema de Peter: "incompetente más incompetente es igual a incompetencia".
 
Suele darse con frecuencia la circunstancia en la que algunas fuerzas no pretendidas resten eficacia a la organización y que sea preciso controlarlas. El Dr. Peter las estudió y estableció la relación existente entre el “impulso” y el “ascenso”. 
 
El “impulso” resulta ser la relación de un empleado con otra persona situada por encima de él en la jerarquía organizativa o pirámide del poder. El “impulso” es más fuerte que la presión ejercida por un empleado que intenta ser más competente y así ascender por su interés, por sus estudios y por su formación (“ascenso”). Suben antes y con mayor velocidad los que son capaces de ejercer “impulso” sin preocuparles su nivel de perfeccionamiento para ser competentes. Y como la competencia no se logra ni fácil ni rápidamente sin esfuerzo y sin trabajo, tenemos en los escalones superiores un mayor número de dirigentes provenientes del “impulso” que del “ascenso”. 
¿Podemos aplicar el “Principio de Peter” a  los partidos políticos
Seguirá.

26 de junio de 2010

El teorema del salario del incompetente.

En una  entrada anterior tratamos sobre la incompetencia de ciertos políticos, aunque, por desgracia, es una plaga que se refugia  en todos los oficios y en todas las profesiones.

Es muy popular el "Teorema del Salario de Dilbert",  que establece lo siguiente:

"Los ingenieros y los científicos nunca pueden ganar tanto como los ejecutivos o los comerciales.
La demostración matemática parte de dos postulados de dominio popular:
Postulado número 1: Knowledge is Power (El Conocimiento es Poder)
Postulado número 2: Time is Money (El Tiempo es Dinero)
Todos conocemos el siguiente principio de la física:
Power = Work / Time (Potencia = Trabajo / Tiempo)
Pero considerando que Knowledge = Power según el Postulado 1, tenemos que:
Knowledge = Work / Time (Conocimiento = Trabajo / Tiempo)
Y como por el Postulado 2 resulta que Time = Money llegamos a:
Knowledge = Work / Money (Conocimiento = Trabajo / Dinero)
Ahora, si en esta ecuación despejamos la variable «Money», obtenemos que:
Money = Work / Knowledge (Dinero = Trabajo / Conocimiento)
Así que cuando Conocimiento se aproxima a cero (0), el dinero tiende a infinito, independientemente de la cantidad de Trabajo realizado.

Con lo que queda demostrado lo siguiente:
Cuanto menos sepas, más ganarás
Nota: Si no has entendido la demostración de este teorema, no te preocupes: seguramente estarás gozando de un jugoso sueldo."
 Sustituyamos ahora "ejecutivos o comerciales" por  " incompetentes" , ya sean de la clase política (tienen gran similitud con ejecutivos -de partido- y con comerciales -de ideas y ocurrrencias-) o de alguna otra profesión  y  el teorema quedaría así formulado: "Los ingenieros y los científicos nunca podrán ganar tanto como los incompetentes".

Las consecuencias de la incompetencia estriban en el grado de poder y de influencia del incompetente. Cuanto más arriba esté situado y más importante puesto de responsabilidad ocupe mayor será el daño infringido a la sociedad. Hace ya mucho tiempo que me contó un buen amigo, y lo he ido comprobando, que el daño que un "tonto" puede hacer en la Adminsitración es enorme, y si además es "activo", puede ocasionar una catástrofe. Para comprobar la veracidad del aserto, no hay como pensar en ciertos personajes que tenemos en la mente,  y estudiar sus efectos. ¿Será también cierto que a mayor incompetencia le corresponde mayor salario?

Para desgracia de todos nosotros, y sin ánimo de caer en el pesimismo, parece como si la historia nos quisiera enseñar que los pueblos y las naciones terminan siempre, de un modo o de otro, en manos de quienes les llevan inexorablemente a la ruina, debido a su incompetencia.

23 de junio de 2010

ROMANÇE DE LA EVALUAÇIÓN (3ª)

La sesión de evaluaçión // dispuesta a empeçar estaba:
el tutor, que era el de Lengua, // les dixo que se callaran
e pidió a la Orientadora // que por favor se sentara.
La Orientadora, psicóloga, // ha en propiedad la su plaça
desde que la LOGSE impera // en los çentros de enseñança.
Sabe al dedillo la ley, // e parla la xerga bárbara
de los psicopedagogos // e de la fauna logsiana.
Comiença la evaluaçión, // las notas allí se cantan:
“Iván Peláez Borrego, // con este moço, ¿qué pasa?”
“A aqueste le quedan seis: // titulaçión denegada”.

Mas fabló la orientadora; // d’aquesta guisa fablaba:
“Non nos permite la LOGSE // fazer tan grand canallada:
si a algún alumno o alumna // non superase alguna área
siendo con ‘insuficiente’ // evaluado o evaluada,
debe discutirse aquí // si es persona preparada,
si domina las destreças, // los obxetivos d’etapa,
si se axustan los diseños, // si se dan las çircunstançias,
si se fizo adaptación // al chaval o la chavala,
si de los procedimientos // se llevó relaçión clara
e si de las actitudes // quedó notoria constançia.
¿Detectáronsele a tiempo // todas estas problemáticas?
¿Se fizieron formularios, // programaçiones de aula?
¿Motivósele al efeto // con estratexia adecuada?
¿Fízose por el tutor // en la clase un soçiograma?”

Muchos de los profesores // se miran, piensan y callan.
Hubo allí largo silençio: // ni una mosca se escuchaba.
Mas luego fabló el de Historia, // bien oiréis lo que fablaba:

–“¡Pero si este mozalbete // las más de las veçes falta,
e, cuando viene, molesta, // grita, juega, se levanta,
non atiende al profesor, // non estudia, non trabaxa,
non se está quedo un momento, // de los profesores pasa,
es deslenguado, soez, // torpe, neçio e tarambana!
¿Cómo darle el mismo título // que al que se aplica e se afana
e saca muy buenas notas // e cumple normas e pautas?
Sería inicua inxustiçia, // sería indeçente práctica,
sería de los calçones // fazer muy grande baxada.”

Los profesores se miran // e, con voç amortiguada,
se comentan a la orexa // las cosas que allí se tratan:
los más pareçen de acuerdo, // otros niegan e rechaçan.

–“¡Cómo puedes deçir eso!” // Ya la orientadora exclama.
–“¡Non quieres tener en cuenta //la normativa aprobada!
¿Te has leído el Plan de Centro? // ¿Has repasado las páxinas
de los valiosos Diseños // Curriculares de Etapa?
¿Practicas la evaluaçión // continua e bien adaptada?
¿Non aplicas en tu clase // la enseñança igualitaria?
Si el mochacho non te atiende // será porque usas la práctica
de la liçión maxistral, // qu’es retrógrada e nefasta.
Debes dar motivación // a aducando y educanda,
desçender de la tarima, // qu’es plataforma tiránica;
debes ser más solidario // con chavales e chavalas,
darles menos contenidos, // que non fazen mucha falta,
e mirar sus intereses, // captar bien su idiosincrasia
et educar en valores // de soçiedad democrática;
ser más tolerante e lúdico, // ser con ellos camarada
e mostrarte comprehensivo // en cada unidad didáctica.”

–“Pero, en aprobando a aqueste, // ¿quién el título no alcança?
Veremos el curso próximo // cómo se asienta en las aulas
e cursa el bachillerato, // ansí, por toda la cara,
un tropel de analfabetos, // de vagos, xetas e maulas,
de mochachos inorantes // e de iletradas mochachas
que non fazen ni la o // con el hueco de una caña.”

Subieron las discusiones, // arreçiaron las palabras,
se esgrimieron çirculares, // leyes, fueros e ordenanças,
fablóse allí de prinçipios, // de posturas reacçionarias,
de los derechos humanos // e fasta de democraçia.
De lo divino e lo humano // todo el mundo allí fablaba.
Llevaban ansí tres horas // e el personal se cansaba.
Fasta que un profesor dixo: // –“A ver, ¿cuántas le quedaban
al moço que, por el título, // la disputa orixinara?”

–“Quedábanle seis”- Responden. // –“Pues yo, que doy Matemáticas,
las cuales eran suspensas, // pues... me dispongo a aprobárselas.”

“Ya sólo son çinco, entonçes.” // Y la de Francés, que estaba
mohína y entristeçida, // a punto de echar las lágrimas,
dixo con voz melancólica, // morteçina e apagada:
–“Ponle aprobado en Francés.” // –“E apruébale también Plástica.”
(Sonó la voç del artista, // que tenía enormes ganas
de acabar las discusiones //  irse a pintar a su casa)

“Pues yo, para no ser menos, // le apruebo Cultura Clásica.”
E, ansí, aprueba que te aprueba, // el “típex” se chorreaba,
sumergiendo los suspensos // baxo una pátina blanca.
El tutor, los “suficientes”// prestamente rotulaba:

-“Iván Peláez Borrego: // quédanle dos, luego... ¡pasa!
Y se acabó, compañeros: //firmad al pie de las actas.”
            Fray Josepho