27 de noviembre de 2022

SÁNCHEZ ELUDE Y NO DA PARA MÁS

Tiene razón Cruz Varela cuando afirma que Pedro Sánchez “elude contestar” las preguntas que Feijóo le formuló en el Senado. Pero, analizados los hechos, no estoy seguro de que también la tenga con la segunda parte del título, “Sánchez no da más de sí”.

Hubo un tiempo en el Sánchez prometió no gobernar con Podemos (“le quitaba el sueño”) ni pactar con Bildu. E incluso calificó de rebelión la rebeldía de los independentistas catalanes del 1 de octubre. Poco duró su promesa haciendo lo contrario y derogando, incluso, el delito de secesión y avisando sobre el de malversación. Y todo ello para auxiliar a sus socios a cambio de votos para seguir en Moncloa. Si con sus palabras de escaso valor y sus incumplimientos ha llegado hasta aquí, ¿Qué no hará en adelante para mantenerse en el poder?

Aquello del “no da más de sí” sería una bendición si fuera cierto y no hiciera más de lo mismo, pero en esta dramática situación solo nos cabe esperar que se cumpla el vaticinio de Abraham Lincoln: “You can fool some time all the people; you can fool some people all the time. But you cannot fool all the time all the people” (“Puedes engañar a todo el mundo durante un tiempo; puedes engañar a un sector de la sociedad durante todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”).

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SÁNCHEZ ELUDE Y NO DA PARA MÁS

(De mi puño y tekla)

Nada fácil encontrar una imagen más acertada para definir a la coalición de gobierno que la que utilizó días atrás Alberto Núñez Feijóo en el Senado: “Un Ejecutivo en llamas que ha quemado el sistema de equilibrios y contrapesos de España”.

El contexto Político-Social es inmensamente delicado porque el Gobierno que debe preservar los principales pilares constitucionales, los está destrozando. Por eso se requería la contundencia que demostró Feijóo. El líder de la oposición afrontó un encuentro clave para nuestro país realizando un diagnóstico exacto del daño que las decisiones gubernamentales han originado en las últimas semanas. Sin excesos, pero sin contemplaciones. "Desarma al Estado, le dijo al Presidente Pedro Sánchez, y evidencia que lo único que lo mantiene a usted y a su Gobierno unido es el ansia de poder…”. Señaló que el Ejecutivo ha entrado en shock y que no hay institución, organismo o Política de Estado que no esté impregnada del "barniz de la indignidad".

Asistimos a un penúltimo ejemplo con la aprobación de retirar a la Guardia Civil de Tráfico de Navarra para blindar los presupuestos gracias al apoyo de EH Bildu.

Feijóo lanzó preguntas muy concretas al Presidente Sánchez que le desnudaron ante sus contradicciones y mentiras, y sobre perversión del Código Penal que está posibilitando excarcelación de agresores sexuales y las rebajas de penas a condenados…

En lugar de responder a unas cuestiones que, como muestran todas las encuestas preocupan a los españoles, el Presidente tiró de soberbia y de ironía para atacar a Feijóo. Pedro Sánchez, como era de esperar, no contestó a una sola pregunta. Esquivó su propia responsabilidad en toda acción de Gobierno, y para ello, incluso se escondió tras la prensa, mostrando varias portadas de EL MUNDO y trató de humillar a Feijóo diciéndole que actúa "al dictado de la prensa conservadora". Pero a la luz de las circunstancias conviene aclarar que el citado diario ni recibe ni da instrucciones, "dado que solo sirve al interés de la ciudadanía".

Atentamente.

José Tomás Cruz Varela

Ex Director de RR.HH.

Málaga.

14 de noviembre de 2022

Manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República

 El Sol. Madrid, martes 10 de febrero de 1931 año XV, número 4.211. página 12

Manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República

Con el título que antecede se ha publicado el siguiente documento:

«Cuando la historia de un pueblo fluye dentro de su normalidad cotidiana, parece lícito que cada cual viva atento sólo a su oficio y entregado a su vocación. Pero cuando llegan tiempos de crisis profunda, en que rota o caduca toda normalidad van a decidirse los nuevos destinos nacionales, es obligatorio para todos salir de su profesión y ponerse sin reservas al servicio de la necesidad pública. Es tan notorio, tan evidente, hallarse hoy España en una situación extrema de esta índole, que estorbaría encarecerlo con procedimientos de inoportuna grandilocuencia. En los meses, casi diríamos en las semanas, que sobrevienen tienen los españoles que tomar sobre sí, quieran o no, la responsabilidad de una de esas grandes decisiones colectivas en que los pueblos crean irrevocablemente su propio futuro. Esta convicción nos impulsa a dirigirnos hoy a nuestros conciudadanos, especialmente a los que se dedican a profesiones afines con las nuestras. No hemos sido nunca hombres políticos; pero nos hemos presentado en las filas de la contienda pública siempre que el tamaño del peligro lo hacía inexcusable. Ahora son superlativas la urgencia y la gravedad de la circunstancia. Esto, y no pretensión alguna de entender mejor que cualesquiera otros españoles los asuntos nacionales, nos mueve a iniciar con máxima actividad una amplia campaña política. Debieron ser personas mejor dotadas que nosotros para empresas de esta índole quienes iniciasen y dirigiesen la labor. Pero hemos esperado en vano su llamamiento, y como el caso no permite ni demora ni evasiva, nos vemos forzados a hacerlo nosotros, muy a sabiendas de nuestras limitaciones.

El Estado español tradicional llega ahora al grado postrero de su descomposición. No procede ésta de que encontrase frente a sí la hostilidad de fuerzas poderosas, sino que sucumbe corrompido por sus propios vicios sustantivos. La Monarquía de Sagunto no ha sabido convertirse en una institución nacionalizada, es decir, en un sistema de Poder público que se supeditase a las exigencias profundas de la nación y viviese solidarizado con ellas, sino que ha sido una asociación de grupos particulares que vivió parasitariamente sobre el organismo español, usando del Poder público para la defensa de los intereses parciales que representaba. Nunca se ha sacrificado aceptando con generosidad las necesidades vitales de nuestro pueblo, sino que, por el contrario, ha impedido siempre su marcha natural por las rutas históricas, fomentando sus defectos inveterados y desalentando toda buena inspiración. De aquí que día por día se haya ido quedando sola la Monarquía y concluyese por mostrar a la intemperie su verdadero carácter, que no es el de un Estado nacional, sino el de un Poder público convertido fraudulentamente en parcialidad y en facción.

Nosotros creemos que ese viejo Estado tiene que ser sustituido por otro auténticamente nacional. Esta palabra “nacional” no es vana; antes bien, designa una manera de entender la vida pública que lo acontecido en el mundo durante los últimos años de nuevo corrobora. Ensayos como el fascismo y el bolchevismo marcan la vía por donde los pueblos van a parar en callejones sin salida: por eso, apenas nacidos padecen ya la falta de claras perspectivas. Se quiso en ambos olvidar que, hoy más que nunca, un pueblo es una gigantesca empresa histórica, la cual sólo puede llevarse a cabo o sostenerse mediante la entusiasta y libre colaboración de todos los ciudadanos unidos bajo una disciplina más de espontáneo fervor que de rigor impuesto. La tarea enorme e inaplazable de remozamiento técnico, económico, social e intelectual que España tiene ante sí no se puede acometer si no se logra que cada español dé su máximo rendimiento vital. Pero esto no es posible si no se instaura un Estado que por la amplitud de su base jurídica y administrativa permita a todos los ciudadanos solidarizarse con él y participar en su alta gestión. Por eso creemos que la Monarquía de Sagunto ha de ser sustituida por una República que despierte en todos los españoles a un tiempo dinamismo y disciplina, llamándolos a la soberana empresa de resucitar la historia de España, renovando la vida peninsular en todas sus dimensiones, atrayendo todas las capacidades, imponiendo un orden de limpia y enérgica ley, dando a la justicia plena trasparencia, exigiendo mucho a cada ciudadano trabajo, destreza, eficacia, formalidad y la resolución de levantar nuestro país hasta la plena altitud de los tiempos.

Pero es ilusorio imaginar que la Monarquía va a ceder galantemente el paso a un sistema de Poder público tan opuesto a sus malos usos, a sus privilegios y egoísmos. Sólo se rendirá ante una formidable presión de la opinión pública. Es, pues, urgentísimo organizar esa presión haciendo que sobre el capricho monárquico pese con suma energía la voluntad republicana de nuestro pueblo. Esta es la labor ingente que el momento reclama. Nosotros nos ponemos a su servicio. No se trata de formar un partido político. No es sazón de partir, sino de unificar. Nos proponemos suscitar una amplísima Agrupación al Servicio de la República, cuyos esfuerzos tenderán a lo siguiente:

Primero: Movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española. Llamaremos a todo el profesorado y magisterio, a los escritores y artistas, a los médicos, a los ingenieros, arquitectos y técnicos de toda clase, a los abogados, notarios y demás hombres de ley. Muy especialmente necesitamos la colaboración de la juventud. Tratándose de decidir el futuro de España, es imprescindible la presencia activa y sincera de una generación en cuya sangre fermenta sustancia del porvenir. De corazón ampliaríamos a los sacerdotes y religiosos este llamamiento, que a fuer de nacional preferiría no excluir a nadie; pero nos cohíbe la presunción de que nuestras personas carecen de influjo suficiente sobre esas respetables fuerzas sociales.

Como la Agrupación al Servicio de la República no va a modelarse un partido, sino a hacer una leva general de fuerzas que combatan a la Monarquía, no es inconveniente para alistarse en ella hallarse adscrito a los partidos o grupos que afirman la República, con los cuales procuraremos mantener contacto permanente.

Segundo: Con este organismo de avanzada, bien disciplinado y extendido sobre toda España, actuaremos apasionadamente sobre el resto del cuerpo nacional, exaltando la gran promesa histórica que es la República española y preparando su triunfo en unas elecciones constituyentes, ejecutadas con las máximas garantías de pulcritud civil.

 Tercero: Pero, al mismo tiempo, nuestra Agrupación irá organizando, desde la capital hasta la aldea y el caserío, la nueva vida pública de España en todos sus haces, a fin de lograr la sólida instauración y el ejemplar funcionamiento del nuevo Estado republicano.

Importa mucho que España cuente pronto con un Estado eficazmente constituido, que sea como una buena máquina en punto, porque bajo las inquietudes políticas de estos años late algo todavía más hondo y decisivo: el despertar de nuestro pueblo a una existencia más enérgica, su renaciente afán de hacerse respetar e intervenir en la historia del mundo. Se oye con frecuencia más allá de nuestras fronteras proclamar, como el nuevo hecho de grandes proporciones que apunta en el horizonte y modificará el porvenir, el germinante resurgir ibérico a ambos lados del Atlántico. Nos alienta tan magnífico agüero; pero su realización supone que las almas españolas queden liberadas de la domesticidad y el envilecimiento en que las ha mantenido la Monarquía, incapaz de altas empresas y de construir un orden que a la vez impere y dignifique. La República será el símbolo de que los españoles se han resuelto por fin a tomar briosamente en sus manos propias su propio e intransferible destino. Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala.»

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Con el siguiente enlace puede llegarse a unos interesantes comentarios hechos por los autores del MANIFIESTO,  tras su publicación.

  http://www.filosofia.org/hem/dep/sol/9310210m.htm

7 de noviembre de 2022

AGRUPACIÓN AL SERVICIO DE LA REPÚBLICA: ORIGEN Y MOTIVOS

 El entonces Presidente del Gobierno de España, el general Berenguer,  declaró a la Prensa el 20 de enero de 1931 que “el republicanismo no era pecado”, una obviedad que causó estragos en el bando monárquico y provocó un notable crecimiento en el republicano. El interés por los asuntos públicos ya se estaba generalizando entre las clases populares y esa afirmación fue el caldo de cultivo propicio para que la afiliación a partidos y sindicatos de  izquierdas  se  desarrollara más de lo esperado.

Pocos días después, el 10 de febrero, José Ortega y Gasset junto con  Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala publicaron en el diario El Sol  de Madrid la base fundacional de la  Agrupación al Servicio de la República  mediante un Manifiesto dirigido al pueblo español. La A.S.R.  no era un partido  político, sino una asociación de intelectuales carentes hasta entonces de actividad política y dispuestos a influir en la opinión pública sobre la necesidad de sustituir la Monarquía de Alfonso XIII  por una República democrática.  A los cuatro día de conocerse el mensaje,  tuvo lugar el primer acto público de la A.S.R.  en el Teatro Juan Bravo de Segovia, bajo la presidencia del poeta Antonio Machado. Al día siguiente, 15 de febrero, dimitió el Presidente Berenguer.

Los miembros de la A.S.R. eran personalidades influyentes  del mundo de la cultura y de la ciencia que se presentaron a las elecciones municipales de abril no como un partido político, sino como individualidades incorporadas a las candidaturas de partidos republicanos y socialistas. El prestigio personal de Ortega contribuyó a incrementar el de la República, pero también le restó credibilidad cuando se alejó de ella defraudado y  decepcionado por no responder a lo que de ella se esperaba,  como ya veremos en una entrada posterior.

En  el documento de la Agrupación  se confirma que sus autores no eran políticos profesionales y que su presencia en la esfera pública se debía a  que otros dirigentes más experimentados en esa faceta no habían unido a los españoles en una tarea ilusionante  y común.  Al constatar que, por distintas razones,  otros políticos no se habían propuesto  democratizar la nación con respeto a la ley y fusionarla en un  compromiso patriótico cohesionado con una justicia social para todos, decidieron tomar la iniciativa, conscientes de los riesgos asumidos. Se trataba, por lo tanto,   de un necesario proyecto colectivo de progreso social.

En el texto se hacía patente un claro deseo de regeneración capaz de sacar del marasmo a aquella nación hundida moral y económicamente por culpa del régimen de la Restauración, presidido por una Monarquía que en vez de modernizar España y dotarla de una distribución justa de la riqueza y de las oportunidades,  solo beneficiaba a una clase privilegiada. No era, desde luego,  un gobierno para todos.

Se notaba también un sentido crítico de las penosas condiciones de vida del país, problema que pretendían solucionar  con  un talante de moderación que rechazara los extremismos surgidos tras la Primera Guerra Mundial, fascismo y comunismo. Aspiraban a crear una conciencia cívica que mediara en el comportamiento de los españoles.

En las mentes de aquellos tres hombres anidaba el deseo de convertir a España en una comunidad política madura, impulsora de un proyecto  de vida que levantara al país y a sus habitantes. Querían una nación democrática e integrada por todos, y para ello se precisaba algo que en aquellos momentos no abundaba: modernización técnica, económica, social e intelectual. Sólo después de haber tomado conciencia  de ser una nación con leyes que garantizaran los derechos de todos y contara con su  colaboración y compromiso, vendría la oportuna y necesaria  Constitución.

 Para desarrollar su programa y sus ideas, lso dirigentes de la A.S.R.  sabían que se debía prescindir del obstáculo que representaba la Monarquía de Alfonso XIII. Aún resonaba aquel “Delenda est Monarquia” de Ortega. Conocían, también, los autores del Manifiesto que la República significaba algo más que un régimen parlamentario  y que  era el único  escenario posible. Y para conseguir todo lo propuesto necesitaban al  verdadero actor de la obra, el pueblo español. Es por eso que le hicieron “un llamamiento  a participar en  la soberana empresa de resucitar la historia de España”.

Hna pasado muchos años y los tiempos han cambiado, pero la idea de la Agrupación al Servicio de la República para la España de entonces puede servir para la actual si el Estado se pone al servicio de la Nación.

En la próxima entrada se expondrá el “Manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República”. A pesar de los años transcurridos,  merece la pena recordarlo.