31 de marzo de 2024

Historias de bulos con Historia. Madrid, mayo de 1936: el bulo de los caramelos envenenados (IV de IV)

El Sr. GAMAZO: Muy pocas palabras para celebrar los aplausos que se acaban de tributar, por las minorías socialista y comunista, al Sr. Ministro de la Gobernación. Decía el Sr. Ministro de la Gobernación que él acudió con las fuerzas adonde fue preciso; yo tengo que insistir, Sr. Ministro, en que es preciso restablecer la fuerza espiritual de la justicia, la fuerza espiritual de la autoridad, y que esa es la que hemos perdido. Su señoría tiene necesidad de realizar un gran esfuerzo para volver a restablecerla, porque los resortes se gastan pronto, pero restablecer aquella no es tan fácil. En España, repito, de lo que carecemos es de esa fuerza de la autoridad, que, sin necesidad de imponerse, ni de hacer uso de las armas, ha de mantener la quietud de los espíritus y a cada cual a su puesto de la vida ciudadana.

Hace mal S. S. en inculparnos a nosotros -claro es que no nos ha inculpado, ni siquiera, en líneas generales; ha sentido la duda de si podíamos ser los inventores de esa historia de los venenos, porque nosotros, que somos los que sufrimos las consecuencias y las personas que con nosotros están identificadas en ideas religiosas, ¿cómo íbamos a ser los que lanzásemos la noticia e hiciésemos correr esa especie? ¿Qué razón, qué fundamento habría? Entonces, seríamos nosotros los propios asesinos de los nuestros, contrariando nuestro espíritu religioso y la tranquilidad de nuestras propias familias, que están en muchas de esas casas o conventos.

El Sr. Ministro de la Gobernación hablaba de las balas "dum dum"; la guerra es una locura, y en ella se usa de todas las armas, pero la guerra civil lo es aún mayor. Mi deseo, Sr. Ministro de la Gobernación, al levantarme a hablar aquí, ha sido evitarla; celebro que S. S. esté dispuesto a que en el país no continúen los trastornos que venimos padeciendo. Me basta con esas palabras y, en esa esperanza, celebraré no tener que volver a levantarme en la Cámara para recordárselas a S. S. si después de la tarde de hoy se han producido nuevos sucesos.

El Sr. CALVO SOTELO: Para rectificar brevísimamente las principales afirmaciones del señor Casares Quiroga relativas a mis preguntas.

Una de ellas ha sido ya rectificada por el señor Gamazo: Es una patraña, puesta en labios de S. S. no quiero calificarla así, pero si como argucia polémica, suponer que pueda haber hombres de derecha, personas de derecha, capaces de inventar infundios, estupideces criminales, como eso de los caramelos envenenados. Esto, en una inteligencia despierta como la de S. S., no tiene cabida posible habiendo buena fe. (Rumores y protestas. Un Sr. Diputado: Tiene que ser de izquierdas.) No es posible que eso lo inventen las personas de derecha, llamadas a sufrir los mayores perjuicios. (Grandes rumores.)

Y digo también, en complemento de lo indicado por el Sr. Casares Quiroga, que quienes el lunes actuaron en las calles madrileñas, con un sentido amotinado y con daño de personas y de cosas, de intereses morales y materiales de la derecha, esos, desde luego, no han sido electores de los hombres que nos sentamos en estos bancos: han sido electores de los representantes del Frente Popular. (El Sr. Carrillo: Son los que dispararon desde la iglesia de los Ángeles. La señora Ibárruri: Quienes inventaron el bulo de los niños con los ojos sacados. La Presidencia reclama orden.) El Sr. Casares Quiroga, a poco que recapacite, comprenderá  que las voces que desde estos bancos se elevan, solicitando autoridad y energía para evitar la sangría en que está derritiéndose gran parte de la energía muscular española, son voces que están interesadísimas en que el Estado no sucumba, ni se derruya y que, por consiguiente, sienten, con los hombres que ocupan ese banco azul -cualquiera que sea su filiación política, mientras sea la filiación política burguesa encajada en la Constitución republicana vigente-, una mínima afinidad de orden moral y material que les sitúa en una proximidad mucho mayor-aunque a vosotros os parezca esto absurdo y queráis recusarlo- que la que  pueda existir entre vosotros y vuestros vecinos del Frente Popular. …

El Sr. CALVO SOTELO: Segunda afirmación: el Sr. Casares Quiroga recoge palabras del señor Azaña, diciendo que no quiere presidir una guerra civil. Pues eso es lo que nosotros queremos, señor Ministro de la Gobernación, que no haya guerra civil en España, y para eso, que se ataje, que se suprima toda violencia; pero toda violencia, la de un lado y la de otro, porque lo contrario no es impedir la guerra civil, sino fomentarla y ayudarla, quizá contra la propia voluntad, pero fomentarla y ayudarla. El desarme ha de ser total, y la prueba de la sinceridad con que nosotros lo pedimos es que no nos dolerían prendas y daríamos facilidades para toda clase de leyes represivas (Fuertes protestas. Varios Sres. Diputados: ¡Ahora, ahora!  El señor Presidente reclama orden.) en esta materia. Pero lo intolerable es que ese desarme se conciba unilateralmente y que se practique de modo fragmentario, de modo sectario por las autoridades; pues, diga lo que diga el Sr. Casares Quiroga, y yo celebraría mucho que los hechos respondieran a sus palabras de esta tarde, sostengo y repito que actualmente al lado de las autoridades públicas y oficiales del Estado constituido actúan erigidas en autoridad facciosa, aun cuando no lo parezcan, elementos sociales que poseen armas, no las cortas, sino largas, que las esgrimen y exhiben, que con ellas al hombro o en el bolsillo realizan funciones policiacas y que vejan, por consiguiente, al resto die los ciudadanos españoles. Nosotros no recusamos las actuaciones del Poder público cuando se fundan en una ley, porque la ley, que nos impone a todos deberes estrechos, nos concede, mayores o menores, los recursos precisos para defendernos de su posible transgresión; de lo que tenemos que protestar airadamente es de que estos particulares, pertenecientes a agrupaciones u organizaciones de, tipo social, asuman funciones estatales; estas sólo corresponden al Estado y a quien legítimamente le representa. En esta petición, Sr. Casares Quiroga, no debe ver S. S. el propósito de mortificar al Gobierno, ni una aspiración subversiva, sino todo lo contrario, porque, en definitiva, pido algo que conviene al interés, a la dignidad y al decoro del Poder público. (Rumores prolongados.)

 Para terminar ya lamentando que se vaya perdiendo lo que ha sido noción de cortesía consuetudinaria e indiscutida siempre en el seno de una Cámara (Fuertes protestas); para terminar, he de decir a S. S. dos palabras escuetas sobre el fascismo. (Rumores.) Tenga S. S. perspicacia política -no es consejo; ya comprendo que no tengo títulos para dárselos a S. S. Es la expresión de un criterio que en estos momentos, a mi juicio, responde perfectamente a la realidad española. El fascismo, aquí y fuera de aquí, no es un momento primero: es un momento segundo; no es una acción, es una reacción. En Inglaterra, como no hay comunismo, no hay fascismo apenas. (Rumores y protestas.) En España, como el comunismo es una realidad, y aun cuando S. S. haya proferido palabras de optimismo casi panglossiano al mostrar su incredulidad respecto al peligro social, estoy bien convencido de que en su fuero interno su señoría piensa de otro modo; como en España el comunismo avanza, quiéranlo o no SS. SS., desde el Poder público y penetra por la fuerza, el fascismo, no como organización determinada, que es lo de menos, sino como sentimiento de defensa nacional, incoercible, indefinido, que muchos no saben precisar ni estructurar, irá creciendo hasta que desaparezca ese peligro social. (Fuertes rumores y protestas. El Sr. Presidente reclama orden.) Tenga perspicacia S. S. y por los medios policiacos que están a su alcance investigue y escrute la manera de pensar y de reaccionar de estos millares de españoles que ahora, gubernativamente, muchos sin haber sido jamás fascistas ni pensar en cosa semejante, han estado en Ia cárcel diez, quince, veinte días; y varios millares siguen en ella. (Fuertes rumores. Varios señores Diputados: Y antes nosotros.). Esos ciudadanos salen de la cárcel impetuosos y fascistas o prefascistas.

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Diario de Sesiones, 6 de mayo de 1936

17 de marzo de 2024

Historias de bulos con Historia. Madrid, mayo de 1936: el bulo de los caramelos envenenados (III de IV)

El Sr. Ministro de la GOBERNACION (Casares Quiroga): Señores Diputados, venía dispuesto contestar estrictamente a la pregunta que había de hacerme el Sr. Gamazo respecto de los sucesos acaecidos en Madrid anteayer. Y no estoy dispuesto, por prestigio de la función que ejerzo y por prestigio de la función parlamentaria, a caer en una celada que lleve, a pesar de las protestas de la Cámara y de la actitud de la Presidencia, a discutir al Ministro de la Gobernación sobre asuntos que no son aquellos sobre los cuales se anunció la pregunta a la que voy a responder.

Vamos a hablar concretamente de lo ocurrido anteayer en las calles de Madrid. El Sr. Gamazo, que cortésmente y con gran comedimiento se ha mantenido en los estrictos límites de una narración de hechos dolorosos, incalificables, execrables, que el Gobierno es el primero en condenar y en execrar (Muy bien.), al relatar los hechos eludía elegantemente todo lo que pudiera ser una referencia al origen de estos lamentables sucesos. Yo no puedo en estos momentos, dada la premura con que me ha sido formulada la pregunta y, por consiguiente, sin haberme dado tiempo a hacer las hondísimas averiguaciones que tengo que practicar, hacer una afirmación rotunda respecto al origen que hayan tenido estos sucesos; pero sí tengo vehementísimas sospechas de que aquellos que han lanzado la miserable idea, para enloquecer a la multitud, de que se estaban repartiendo en Madrid caramelos envenenados no han podido ser, ciertamente, los hombres que a las tres de la tarde se lanzaron a la calle a parar y detener aquellas locuras, mientras vosotros (Dirigiéndose a las derechas.) estabais en vuestras casas. … … …

El Sr. Ministro de la GOBERNACION: Una noticia, no solo falsa, sino ruinmente inventada, ha levantado un momento a determinados barrios de Madrid, los barrios donde vive la gente popular, que tiene reacciones fieras porque tiene corazón (Rumores.), gente a la que se ha dicho que sus hijos estaban siendo envenenados por tales o cuales personas. A mi despacho venían mujeres, algunas de las cuales estaban en vías de ser madres, a pedir socorro para sus hijos, creyendo ver en cada mano que alargaba un caramelo un asesino, provocando así el enloquecimiento de la multitud. Yo no sé de dónde surgió esa idea; algún día lo averiguará el Ministerio, y si yo estoy en ello... ¡ay de aquel que la haya lanzado! (Muy bien los diversos sectores de la Cámara.)

Se produjo un estado de exaltación, de histerismo, perfectamente enfermizo, que dio lugar en los primeros momentos a actos que yo repruebo, que el Gobierno reprueba, y que estoy seguro que no hay nadie en la Cámara que no repruebe. Los primeros vosotros (Dirigiéndose a la extrema izquierda.), que habéis salido a la calle mientras aquellos callaban.

¿Qué se le puede imputar al Ministro de la Gobernación respecto de estos hechos? ¿Lenidad, conformidad, que no ha actuado la fuerza inmediatamente? No creo que SS. SS. se atrevan a decirlo. El Sr. Gamazo claramente ha dicho que sabía que el Ministro de la Gobernación tomó inmediatamente las medidas que estaban en su mano; y así, gracias a esto, según los partes de la Guardia civil, que S. S., Sr. Calvo Sotelo, supongo no pondrá en duda; gracias a la actuación enérgica y rápida de las fuerzas combinadas de la Guardia civil y de Seguridad, pudieron evitarse, tanto el corrimiento de estos sucesos, de este enloquecimiento a todo Madrid, como el que fueran atacados por la multitud enloquecida una serie de edificios, colegios, iglesias, etc., en que  había muchos niños.

¿Qué ha habido gente atropellada? Dolorosísimo. Decía el Sr. Gamazo que parece que estamos en una época de plena barbarie, que hace retroceder la historia de España años y quizá siglos. La barbarie alcanza a todos, Sr. Gamazo…..

… después del 1 de Mayo, como en ese día no se habían provocado incidentes -no os atrevisteis a ello-, había que provocarlos el día 2, y en el desfile, ante el Obelisco del Dos de Mayo, hubo alguien, no cito su nombre porque está pendiente una sanción, que sacó una pistola y disparó unos tiros. ¿Para qué? Para provocar el desorden, para provocar el enloquecimiento, para provocar lo que después hubo de hacer el sistema, mucho más sinuoso, mucha más jesuítico, de los caramelitos envenenados.

…. …. … …

Al Ministro de la Gobernación no se le puede acusar de lenidad ni de negligencia en las medidas tomadas; vosotros lo sabéis bien. El Ministro de la Gobernación actual, cumpliendo estrictamente con su deber, podrá caer, pero esta vigilante en cada momento -vosotros lo sabéis bien-, y vigilante en cada momento ha procurado que estos sucesos que estallaron inopinadamente, con la violencia de un enloquecimiento de multitudes, absolutamente incoercible, se redujeran casi, no diré que en el acto, pero sí a los pocos momentos, haciendo que intervinieran las fuerzas con energía y rapidez, pero sin la crueldad que vosotros hubierais deseado . (Aplausos.)

El movimiento se cortó -he de repetirlo- con la intensa intervención de las fuerzas y con la colaboración de los hombres de buena voluntad que se lanzaron a las calles de Madrid a deshacer de una vez el bulo que entonces corría de los caramelos envenenados; tanto se cortó que incluso la nueva edición que se pensó lanzar no ha cuajado, porque después de los caramelos vinieron los pinchazos envenenados, que han durado el tiempo que tardé en meter en la cárcel al primero que encontré hablando de ellos.

… … …

Ya sé que S.S. tiene de mí una idea muy equivocada. No es de ahora; recuerdo que hace tres años S. S. publicaba con su firma un artículo en el cual, después de decir, no sé aquel título, que no me gustaban los pájaros …ni las flores, ni las mujeres (Risas.), añadía, encarándose con los lectores de "El Ideal Gallego": "¿Qué se puede esperar de un hombre que no santifica la Nochebuena?" Pues se puede esperar esto: que no tolere movimientos fascistas en España.

¿Qué ha hecho el Gobierno desde el momento en que he tenido, para desgracia mía, una vez más, intervención en las funciones gubernativas? El Gobierno ha procurado, en la medida de sus fuerzas, por todos los medios, evitar la violencia en España; el Sr. Presidente del Consejo, hace pocos días, recogiendo en absoluto la política del Gobierno, decía que él no quería presidir una guerra civil; pues bien: yo afirmo que no tolero una guerra civil. Vosotros lo sabéis. No os imputo nada; digo que lo sabéis, y aquellos que el sábado siguiente a la llegada mía al Ministerio de la Gobernación pensaban todavía en que podía hacerse un poco de guerra civil en España, ni parece que habrán quedado convencidos de que no. (Risas y rumores.) Que no cesen en ese convencimiento……. ….. ….

¿Qué va a hacer el Gobierno? Continuar su línea de conducta de cortar siempre que pueda y en la medida de sus fuerzas,…; el Gobierno procurará cortar la violencia en todos los sitios donde ella se produzca. Movimientos de locura, movimientos de histerismo, exaltaciones populares, en algunos momentos producen determinadas reacciones que es difícil cortar, pero, que se llegan a cortar, y el Gobierno, en cada momento, ha de ejercer la acción pública, la acción de gobierno, la acción de su fuerza, con mesura, con tranquilidad, pero también con la energía necesaria, para que los hechos se corten.

Por último, el Sr. Calvo Sotelo aludía al desarme; decía: "Tengo entendido que el Ministro de la Gobernación se preocupa del desarme". ¡Y tanto que se preocupa, Sr. Calvo Sotelo! iSi es casi mi única preocupación! En Granada se han recogido 13.000 armas; en Jaén llevamos recogidas 7.000; espero que no termine la lista. El señor Calvo Sotelo, adelantándose a mi afirmación, decía: "Esas armas son de derechas", y pedía el desarme para todo el mundo. ¡Calma, Sr. Calvo Sotelo! Son las derechas las que me preocupan en este momento, porque, a pesar del estado subalterno que S. S. inventa, a mí no me preocupa la revolución social. En un momento grave como el 1 de Mayo, en un momento grave como el otro día, no he encontrado a espaldas de esos hombres y de las masas que ellos representan la cuchilla que da la puñalada trapera; he encontrado, en algunos momentos, dislocamientos, desbordamientos si queréis, pero lealtad; y en los momentos duros he encontrado el respaldar de unos hombres, de una opinión y de un proletariado que saben ayudar a salir del trance. (Muy bien.) Pero vosotros . . ., no vosotros: los que al, margen vuestro, los que separándose de vosotros, los que corriendo detrás de la violencia, que decís condenar, pero que, a veces, parece que preconizáis, estas gentes son las que a toda costa procuran en España, o bien subvertir el Estado, o bien rebelarse contra el Estado, o bien crear un estado perpetuo de inquietud, que es mucho peor que una sublevación armada. Y porque me preocupa eso en primer término, es por lo que, ante todo, procedo al desarme de aquellos elementos de peligrosidad más inmediata. Esto no quiere decir, ni remotamente, que no piense y actúe para el desarme de los demás; si alguna preocupación tuviera y la hubiera dejado a un lado por parecerme que no es del momento; la alusión que hacía antes a los sucesos de Santander de hoy, me obligan todavía a ser más acucioso en este desarme. ¡Han caído nuevamente gentes de nuestros partidos! ¡Ha habido, otra vez, coches, coches con gente pistolera, que no era precisamente proletaria, que ha vertido, otra vez, la sangre de nuestros partidos del Frente Popular! Contra eso iré constantemente, antes que nada y por encima de todo. He dicho." (Grandes y prolongados aplausos.)

El Sr. Gamazo tiene la palabra para rectificar.