12 de septiembre de 2019

Directos a las urnas

La propia composición de las representaciones socialista y podemita, de perfil medio y medio bajo, vienen a ratificar, una vez más,  que desde el pasado mes de julio, nos encaminamos irremisiblemente hacia unas nuevas elecciones, que dentro de lo malo no es lo peor que nos podría suceder. Tan cacareada "falta de fundamento", no es más que una vulgar justificación del circo montado. Si en efecto existiese voluntad de acuerdo, serían los líderes de ambas formaciones los que presidirían las mencionadas reuniones. Con tan deleznable farsa, lo único que han pretendido demostrar a sus respectivos electorados es el esfuerzo realizado para evitar el tener que concurrir a las urnas una vez más.

Cinco horas desperdiciadas en la primera reunión a la que se unió el fracaso de una segunda posterior a las que seguirán, muy posiblemente, otros encuentros en la misma línea y con el mismo resultado. Podemos insiste en un Gobierno de Coalición, a sabiendas de que es algo que jamás aceptará Pedro Sánchez, sabedor de que sentar a miembros de Podemos con el Consejo de Ministros, cuando menos, supondría una bomba de relojería.

Por su parte, Ione Belarra de Podemos, con su manifiesta ingenuidad dejó traslucir su preocupación, afirmando que los socialistas han mantenido las mismas posiciones. Incomprensible. ¿Pero qué es lo que esperaba la portavoz podemita?

Como remate suponemos, aunque solo sea de cara a la galería, que los representantes de ambos partidos, afirmaron con la mejor de las voluntades, que continuarán manteniendo reuniones los próximos días con la intención de alcanzar posibles acuerdos...

En cuanto a los socialistas, y sin acritud, parece que proyectan la impresión de que nos dirigimos sin más paliativos a unos nuevos comicios. Convencidos además de que su cifra de diputados superará con creces los actuales 123, mientras que en el caso de Unidas Podemos (cada día suena peor el nombre), cabe la posibilidad de que sufran una sangría importante, con lo cual pasarían a ocupar un puesto de "Partido testimonial", algo a lo que, más temprano que tarde, están condenados. Mientras que si aceptasen las migajas que les ofrecen, al menos podría continuar manteniendo sus sueldos de diputados y alguna que otra canonjía....Pagar y mantener el chalet de Galapagar cuesta un pastón y por el momento, todos los ingresos vienen bien, y si no,  que se lo pregunten a la familia Iglesias-Montero.

Es dolorosamente triste el tener que reconocer los nefastos despropósitos a los que nos están sometiendo los políticos actuales de todo el arco parlamentario, sin distinción de partidos e ideologías. Nunca los ciudadanos hemos tenido que soportar una etapa tan prolongada en la que solo asistimos a los continuos reproches, críticas, insultos y descalificaciones que se prodigan entre ellos, pero sin aportar ni una sola solución constructiva. Y todo ello con el consiguiente envenenamiento del ambiente cargado de discriminaciones mutuas. Señores Políticos, ¡"No pierdan más el tiempo con sus vanas explicaciones. La gente solo escucha a los que quieren escuchar"!, y  tristemente no es su caso....¡¡Tiempo al tiempo!!

José Tomás Cruz Varela

10 de septiembre de 2019

El discurso de Nicolás Sarkozy que hizo historia (4 de 6): La izquierda hipócrita

En anteriores entradas hemos visto los capítulos “Necesidad de nación” y “Contra los herederos de Mayo del 68” del discurso de Nicolás Sarkozy en Bercy. Hoy veremos otro más  que no dejará indiferente a nadie  y en el que se destaca  la incoherencia entre el mensaje de la izquierda y su comportamiento en la vida real.
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 La izquierda hipócrita

"Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política. Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos. Proclaman: “Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago”. Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres.   

Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad."
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Las afirmaciones de Sarkozy, fruto de su experiencia y conocimiento de casos reales, parecen estar repitiéndose actualmente:  aquellos que se llamaban "gente" a sí mimsos y denominaban "casta" a quienes pensaban diferente se han convertido en lo mismo que criticaban en cuanto han tocado poder.