13 de diciembre de 2022

AGRUPACIÓN AL SERVICIO DE LA REPÚBLICA: ILUSIÓN, PROYECTO Y DECEPCIÓN

En una entrada anterior nos aproximamos al origen de la Agrupación al Servicio de la República, así como de sus motivos y el contexto en el que surgió. En la siguiente se expuso su base fundacional contenida en el texto del Manifiesto publicado por  los intelectuales  José Ortega y Gasset,  Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala el 10 de febrero de 1931 en el diario El Sol de Madrid. Se trataba de un movimiento político encaminado a "movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española".

En las elecciones municipales del 12 de  abril, los miembros de la A.S.R. se presentaron en las candidaturas de partidos republicanos y socialistas, que si bien ganaron en las grandes ciudades perdieron en el cómputo general nacional  frente al bloque de monárquicos e independientes.  Esas elecciones trajeron la caída de la Monarquía y la proclamación de la II República. La “España que se había acostado monárquica, se levantó republicana” aquel 14 de abril. La A.S.R. pretendía el derrumbe de la Monarquía, “haciendo que sobre el capricho monárquico pesara con suma energía la voluntad  republicana nuestro pueblo”. Fue el resultado de unas elecciones municipales y no el de unas legislativas o un referéndum sobre Monarquía o República el que provocó la renuncia de Alfonso XIII y su camino al exilio.

Dos días después de la proclamación de la Segunda República Española,  José Ortega y Gasset elogió la tranquilidad con la que el Gobierno provisional había llevado a cabo el cambio de régimen. La personalidad de Ortega incrementó el prestigio de la República, pero también la restó credibilidad cuando se alejó de ella por no cumplir con las ilusiones iniciales previstas.

Los líderes de la A.S.R. deseaban convertir a España en una comunidad política madura, impulsora de un proyecto  de vida que levantara al país y a sus habitantes. Querían una nación democrática e integrada por todos, y para ello se precisaba lo que en esos momentos se carecía: modernización técnica, económica, social e intelectual. Después vendría una Constitución elaborada  con el compromiso  y colaboración de todos y que a todos garantizara sus derechos.  Eran conscientes, también, de que la República significaba algo más que un régimen parlamentario  y que  era el único  escenario posible. Para conseguir sus objetivos hicieron “un llamamiento  a participar en  la soberana empresa de resucitar la historia de España” al verdadero actor de la obra, el pueblo español.

La A.S.R, dado el importante apoyo social obtenido,  se convirtió en partido político con la mirada puesta en la construcción de un Estado "auténticamente nacional" integrador de todas las clases de ciudadanos. Pensando en unas necesarias "elecciones constituyentes", convocadas para el 28 de junio siguiente,  preparó un programa de signo liberal en lo político en el que proponía “la separación clara de los poderes ejecutivo y legislativo, un Parlamento unicameral elegido por las regiones, asistido por comisiones técnicas, una estructura regional (pero no federal) del Estado en grandes provincias gobernadas por asambleas y gobiernos locales, un Estatuto general del trabajo, con sindicación obligatoria de los trabajadores, una     “Economía organizada”, es decir, cierta planificación económica por parte del Estado, en vista a la construcción de un “Estado social” y la separación nítida de Iglesia y Estado”. La A.S.R.  consiguió TRECE escaños  en esas elecciones para las Cortes Constituyentes: Justino de Azcárate, Alfonso García Valdecasas, Juan Díaz del Moral, Bernardo Giner de los Ríos, José Fernando González Uña, Vicente Iranzo Enguita, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, José Pareja Yébenes, Ramón Pérez de Ayala, Manuel Rico Avello, Juan José Santa Cruz y Publio Suárez Uriarte. Párrafo basado en: https://es.wikipedia.org/wiki/Agrupaci%C3%B3n_al_Servicio_de_la_Rep%C3%BAblica

Ortega deseaba formar un gran partido inclusivo de todas las clases  sociales, en el que los más pudientes colaboraran en el progreso del proletariado y  pensaba que Miguel Maura podría ser el dirigente más adecuado para dirigirlo. Pretendía que ese partido centrado en el que Azaña no encajaba  fuera el eje político de la nueva República.

Los integrantes de la A.S.R. quedaron desencantados cuando constataron la gran dificultad de formar el partido ideal que habían concebido. Y también percibieron que a pesar de su gran preparación intelectual  y talante reformista no lograron levantar el ánimo de los españoles ni la adhesión mayoritaria de aquella sociedad inclinada a los extremos.

Ortega se consideraba demasiado analista y estudioso como para decir tonterías en mítines y asambleas, y era conocedor de que sus múltiples cualidades  resultaban un inconveniente para  para llegar al gran público. Él sabía, y los demás también, que la política no entraba en sus prioridades filosóficas y vitales.

Muy  pronto  el  líder  de  la  Agrupación  mostró su  desencanto  con la deriva del régimen  recientemente instaurado por el cariz  demasiado  exaltado  que  tomaba. El día 9 de septiembre, Ortega y Gasset publicó en el diario CRISOL  su famoso artículo "Un aldabonazo". Si su contenido era ya  de por sí relevante, su final ("No es esto, no es esto") resultó demoledor

Nota:  En la próxima entrada nos centraremos en el artículo anteriormente  citado  y veremos su texto íntegro tomado del diario CRISOL, de 9 de septiembre.

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