28 de diciembre de 2012

De Aranda a Oporto en el “Marqués de Cantaburros”, un crucero 10*.

“¿Qué entonces si los caminos, los canales  y la navegación de los ríos interiores,  franqueando todas las arterias de esta inmensa  circulación, llenasen de abundancia y prosperidad tantas y tan fértiles provincias?” Melchor Gaspar de Jovellanos, citado por Faustino Merchán.
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Madrid siempre tuvo vocación marinera a pesar de contar con su Manzanares,  del que hasta Quevedo se burlaba:.

“Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
platicante del Jarama,
buena pesca de maridos;
tú que gozas, tú que ves,
en verano y en estío,
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos;”
… … …
 

El sueño marinero se puso en marcha a partir de 1570 en el estanque del Retiro que Antonelli par el recibimiento de Ana de Austria. Felipe IV ordenó a Luis Carduchi que estudiase las posibilidades de navegabilidad del Tajo desde Toledo hasta Alcántara, ya que desde ahí hasta Lisboa era factible. El Duque de Olivares estaba detrás con la pretensión de hacerlo desde Madrid por motivos comerciales y militares. En 1668,  Carlos y Fernando de Grunemberg propusieron a la Reina Mariana de Austria hacer navegable el Manzanares desde El Pardo hasta Toledo y Lisboa, pues había diez veces más agua de la necesaria.


La guerra y la difícil situación económica de entonces impidieron la ejecución de la obra, pero también surgieron razones de otra índole como las aportadas por un consejero del Rey: 
“Si Dios hubiese deseado que ambos ríos (Tajo y Manzanares) hubiesen sido navegables con un solo fiat lo hubiese realizado y sería atentatorio a los derechos de la Providencia mejorar lo que ella, por motivos inescrutables hubiera querido que quedare imperfecto”. Con semejante teoría aún estaríamos en la Edad de Piedra, y Aranda de Duero no podría mirar hacia el futuro esperanzador que desea.

Hace pocos días, el  20-12-2012, llegó aprobado a la Alcaldía de nuestra ciudad un ambicioso proyecto  diseñado por los técnicos de la Concejalía de Obras y Urbanismo del Consistorio ribereño. La navegabilidad del Duero desde Aranda hasta Oporto con motivo de la celebración del cincuentenario del Festival  Hipano-Portugués de la Canción del Duero  será una realidad en los próximos  cien años será una realidad.


(Derecha, Río Duero a su paso por Aranda).

La idea surgió en el siglo XVI cuando Felipe II fue nombrado Rey de Portugal pero se retomó a finales del pasado s. XX por motivos comerciales (vinos de las comarcas del Duero) y turísticos. Finalmente ha sido aprobado por la Comisión Europea a través de su programa  IDEAS  SUPRANACIONALES  y será presentado hoy, 28 de diciembre,  a las 12 horas,  por  nuestras autoridades locales, en presencia de otras  nacionales e internacionales,  en el incomparable marco de la Plaza de Toros “Ribera del Duero”.
 (Arriba,  Zona prevista para la Estación Fluvial "El Barriles")
Desde hace una semana se está trabajando sin descanso en la instalación  del prestigioso sistema de calefacción HSW (High Speed  Warmth) en sintonía con la ventilación  OW (Open Windows) mientras los  operarios del Estudio de Ingeniería “Dredging&Rivernavigation” han ido colocando las impresionantes  maquetas del proyecto  en el coqueto y cálido ruedo taurino.

(Derecha, detalle del OW actual)


Se ha considerado como la mayor obra de ingeniaría de Europa occidental y se ha dividido en seis fases su construcción total, de las que son fiel reflejo las bellísimas estructuras de cartón piedra expuestas por “Dredging&Rivernavigation” para su contemplación por autoridades y público en general. Para dar mayor realismo se ha introducido en la Plaza de Toros un ramal del canal de riego  que asemeja al Duero.
Los seis trayectos ya establecidos son los siguientes.
1.- Aranda: Antigua azucarera –Nueva Depuradora.
2.- Aranda- Simancas. Enlace con Valladolid –Pisuerga.
3.- Simancas- Zamora.
4.- Zamora- Miranda do Douro (Portugal).
5.- Miranda do Douro-Muelle El Terrón (Salamanca).
6.- El Terrón- Oporto.
El presupuesto total de la obra raya los 25.000 millones de euros, aunque podría  llegar al final a los 50.000 como suele ser normal en  estos casos. Será financiado por la Comisión Europea en un 80%; el Ministerio  de Fomento de España aportará  un 10 % de sus fondos sobrantes de cada presupuesto; la Junta de C. y L., Diputaciones y ciudades beneficiadas  pondrán un 5% y con  el resto correrá el Gobierno portugués.

 (Izda, otra imagen de Valladolid y la navegabilidad del Pisuerga, 2ª parte del proyecto)

 El Ayuntamiento de Aranda contribuirá con  25 millones  de euros que saldrán de la venta de solares no edificables de algunas sendas de orillas y riberas impracticables,  de espectáculos varios nocturnos y diurnos en la Plaza de Toros (12 días anuales a su disposición)  y de las 15 ferias taurinas  programadas por año, de recuperación de sueldos mal pagados y fincas donadas,  y de  contribuciones voluntarias  de los arandinos. El plazo acordado para el pago será de 99 años con un período de carencia de otros cien, lo que se considera unas condiciones muy ventajosas.

La finalización del primer tramo, Aranda-Aranda, tendrá lugar antes de que comience la magna Exposición de las Edades del Hombre en la primavera de 2014. Se construirá  la Estación Fluvial “El Barriles” para viajeros en la zona de su nombre, desde la que se accederá a la Iglesia de San Juan, una de las sedes de la futura Exposición, en un “Tren-Cremallera” movido por energía cinética de pedal.
En las proximidades de la antigua azucarera, en el cruce Ronda Este-Autovía  del Duero (A-11) se situará un gran aparcamiento  para turismos, autocares, camiones, e incluso con previsión de acceso al futuro AVE Valladolid-Soria y Madrid-Burgos,  para los visitantes provenientes de la margen izquierda del Duero. Junto a él, y ya en el río, se construirá el muelle de mercancías del futuro y  el  embarcadero de turistas, desde el que el navío de recreo “Marqués de Cantaburros”  hará el recorrido hasta la Estación Fluvial ya mencionada.
Todas estas instalaciones  serán susceptibles de ampliación y mejora a medida que vayan llegando los más de dos millones de visitantes que se esperan. Los que vengan del Norte dispondrán del inmenso aparcamiento  gratuito anexo a la Plaza de Toros y de otras comodidades (piscinas, museos, restaurantes,…) antes comenzar el  recorrido guiado objeto de la visita.

Todas estas actividades han sido muy bien valoradas por la colaboradora y sacrificada hostelería arandina,  aunque creen que aún pueden mejorarse. Contribuirán, por su parte, con una refinada creación de tapas y banderillas dedicadas al evento, acompañadas de los mejores vinos del lugar a precios  populares, ya que en esa época no se buscará el desaforado beneficio económico sino la publicidad y el buen nombre de la ciudad. Será la siembra de una futura cosecha.


(Debajo, vista de Porto, desembocadura del Duero, y fin del futuro trayecto  Aranda-Oporto en el crucero "Marqués de Cantaburros"


Dada la complejidad de este magno proyecto, se informará  detalladamente tan pronto como nuestras Ilustres Autoridades   desvelen  secretos tan bien guardados. Lo único cierto es que antes de cien años no lo verán nuestros ojos.

Este  parece ser (imagen de la derecha)  uno de los prototipos que  servirán de modelo para para la construcción del barco-crucero fluvial  "Marqués de Cantaburros", que podrá albergar unos trescientos pasajeros en cómodos camarotes
Y éste es el otro prototipo a elegir, directo desde el Danubio en Budapest. Ofrece las ventajas de mayor capacidad y comodidad, y una ligera desventaja en su maniobrabilidad al tomar curvas cerradas y meandros. ¿Con cuál de los dos se quedará la empresa concesionaria? El próximo año lo sabremos.





Imagen del Dío Duero en Aranda. Su navegabilidad  ha sido demostrada y su utilización se llevará a cabo antes de que se termine la construcción  del ansiado e interminable Puente sobre el Bañuelos. ¿Cuál de las dos obras veremos antes realizadas?

A todos, ¡FELIZ DÍA EL DE HOY!




23 de diciembre de 2012

Dicen que ha quitado del belén lo que otros pusieron: la mula y el buey...

Desde que Agustín de Foxá  escribiera con acierto que “los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas o con el cirio o con el garrote” han pasado demasiadas cosas sin haber variado el sentido profundo de la expresión. Si cambiamos el término “garrote” por “pluma”, cualquier circunstancia puede aprovecharse para escribir "contra las cosas de los curas".

Pablo Ordaz publicó recientemente en El País “Papa con vacación de superventas”, apoyándose en el último libro de J. Ratzinger. El título y el sumario, “Refuta a los evangelistas pero confirmando los dogmas sin reservas. El Papa afirma que no había ni mula ni buey en el portal de Belén” me invitaron a leerlo. No me sentí defraudado sabiendo que todo era posible  en un diario no muy  proclive a la Iglesia Católica


La primera  invectiva, sin relación con el tema, aparece al inicio del artículo: “...prefecto de la Congregación para la Doctrina para la Fe —la antigua Santa Inquisición—“, como si Benedicto XVI fuera responsable de esa negra página de la Iglesia.

Da por hecho que la “tirada inicial de un millón de ejemplares de “La infancia de Jesús” se venderá mejor debido a sus llamativas revelaciones  sobre el portal de Belén en el que no había ni mula ni buey  y la estrella que supuestamente guio a los Magos de Oriente era en realidad una supernova”. Cree que en la venta influirá “la mercadotecnia al salir en época de Navidad y con unos anzuelos muy atractivos en forma de mula y buey”. Demasiado superficial para juzgar la obra y  pensamiento del anciano y prestigioso teólogo alemán.

No anda muy sobrado Pablo Ordaz  cuando intenta profundizar en materia bíblica y teológica:
“Así que, claro, el Papa habla de otras cosas en un libro que analiza, apoya, contextualiza y a ratos refuta los textos de San Lucas y San Mateo. Benedicto XVI se pregunta, por ejemplo: “¿Es cierto que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen?”. Y se contesta enseguida: “Sí, sin reservas”. Hasta el punto de que quita la razón a San Agustín, quien sostuvo que María hizo el voto de virginidad antes de su matrimonio con José.”
¿Cuáles son los textos de los evangelistas refutados? ¿Y por qué Benedicto XVI quita la razón a San Agustín? ¿Está reñido el supuesto “voto de virginidad” de María con su modo de concepción?

 Se extraña el articulista de que “se requiera por parte del lector unas dosis mínimas de fe” para comprender la obra de J. Ratzinger. La fe no es divisible: o se tiene o no se tiene, o se cree o no se cree. Con la sola luz de la razón humana es imposible comprender lo que es propio de la fe. Si uno cree que Dios es el creador del universo y de cuanto en él existe, no le costará tanto creer que  María concibió por obra del Espíritu Santo. Sin la fe, nada de eso tiene sentido.
“Lo que se carga Ratzinger, dice,  es la tradición oral: una mula, un buey y pastores cantando”.  Los pastores aparecen en el Evangelio (Lucas 2, 8)  y la mula y el buey, elemento decorativo posterior  pero con significado teológico, está tomado del evangelio apócrifo del siglo II, el Protoevangelio de Santiago,  inspirado en un texto de Isaías (1, 3): “El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su señor”. En la tradición cristiana esos dos animales representan a los dos pueblos, el judío y el gentil.  Y ya metidos en harina, echo de menos que el articulista no citara  a San Agustín “Acérquense al pesebre dos animales, es decir, dos pueblos, pues el buey reconoció a su dueño y el asno el pesebre de su señor ", (Sermón 184,4, sobre la Navidad).
 
No resulta ninguna novedad afirmar que Jesús pudo haber nacido seis o siete años antes de lo establecido en el calendario oficial de occidente. Es un problema de cálculo  de Dionisio el Exiguo que “se equivocó en unos 4 a 7 años al datar el reinado de Herodes I el Grande, por lo que dedujo que Jesús nació el año 753 a. u. c. desde la fundación de Roma, cuando debió suceder hacia el 748 a. u. c ”
No he leído aún el libro de Benedicto XVI, por lo que ignoro si “la pregunta incrédula de Pilatos a Jesús “¿De dónde eres?” está en la primera línea de la obra.  La pregunta repetida de Pilatos a Jesús fue: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Para mayor confusión  de los lectores, Pablo Ordaz publicó ese mismo día otro artículo: “El Papa afirma que no había ni mula ni buey en el portal de Belén. Benedicto XVI confirma en su nuevo libro la virginidad de María”, con algunas diferencias:

- No establece si la difusión del libro será en 50 o en 70 países.
- En éste sí parece aclarar el debate de Benedicto XVI y San Agustín al rechazar la tesis del Obispo de Hipona sobre el “voto de virginidad de María” con el modo de vida del mundo judío de entonces.
- Aporta algunos datos más concretos sobre el nacimiento de Cristo, nada que no se supiera ya.
- Si en el artículo anterior afirmaba que el Papa refutaba los textos de Lucas y Mateo, ahora dice que no los refuta… “el Papa reescribe, aunque sin refutar, los textos de Lucas y de Mateo”. ¿En qué quedamos?
No es creíble lo que Pablo Ordaz dice del Papa, gran conocedor de los  Evangelios: “Es la tradición, según Joseph Ratzinger, la que le pone literatura al asunto, metiendo en el cuadro un pesebre —representación del altar— y unas gasas para envolver al bebé —un anticipo de la hora de su muerte—…”. En el Evangelio de Lucas 2,7 se lee: ”Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en la posada”. El pesebre vuelve a salir en el versículo 12 y en el 16 también.

Lo más importante para los creyentes es que ahora es el tiempo de esa Navidad que poco tiene que ver con las luces que invitan a un consumo desaforado para celebrar materialmente lo que no es, y que no recuerda su mensaje, “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Pues eso…
Y ¡Feliz Navidad a todos!
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Sobre el tema de la Inmaculada Concepción y la controversia de J. Ratzinger con San Agustín veremos unos breves textos en los comentarios que aportarán algo más de luz.

18 de diciembre de 2012

Capítulo 3. “Rebelión en la Granja” (III de III): El trágico bienestar de los cerdos y el pacífico sufrimiento de los oprimidos.

En el que se narran las excelencias de una sola candidatura a la Jefatura de la Presidencia y de la permanencia durante toda la vida en el mismo puesto del poder. Así mismo se justifican los privilegios que ha de ostentar la casta dirigente y la diferencia  establecida de clases. Se destacan las costumbres adquiridas por los jefes, imitadas de sus enemigos y aplaudidas por el ganado lanar, estúpido por antonomasia. Se consideran y premian las  virtudes animales: la obediencia ciega, la disciplina y la carencia de sentido crítico. La nueva clase dirigente se transformará en la de aquellos amos que al principio combatieron gracias al relajamiento  de las costumbres por la molicie y otros vicios.
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Corría el mes de abril cuando la “Granja Animal”  se proclamó República, y fue preciso elegir un Presidente. Hubo un solo candidato, Napoleón, que resultó elegido por unanimidad. Nadie osó disputarle el puesto, ya que nadie como él conocía  y disponía de los resortes del poder para conseguir que ni siquiera otro  lo llegara  a pensar o desear…

Pasaron los años y tanto Napoleón como su lugarteniente Squealer envejecieron y engordaron tanto que no veían ni olían ni se movían. La granja mejoró sus condiciones de vida y se enriqueció sin enriquecerse sus animales, salvo los cerdos y los perros, privilegiados ellos que trabajaban en unas actividades que los demás, ignorantes, no podrían realizar jamás. Los cerdos se pasaban el día entre informes, ficheros, actas, ponencias, y otras difíciles y complicadas tareas encaminadas al bienestar de todos los animales.

Ni los cerdos ni los perros producían nada comestible con su trabajo y esfuerzo. Sin embargo se vanagloriaban de ser muchos, de tener buen apetito, estar muy lucidos y vivir mejor que los ootros, sin sufrir el agobio y el trabajo fatigoso de las clases inferiores.

Para resaltar aún más las diferencias que se estaban generando entre los animales, los cerdos se propusieron imitar el andar de los humanos a quienes tanto criticaron y odiaron, y aprendieron a caminar erguidos sobre sus dos patas traseras, haciéndolo unos mejor que otros. Los demás animales, acostumbrados a no quejarse nunca ni a proferir una sola palabra de protesta contemplaban atónitos el espectáculo. Las ovejas, sin embargo lo aprobaron encantadas desde el principio cantando y  jaleando estruendosamente: “Cuatro patas sí, dos patas mejor”.


Para dejar constancia del progreso alcanzado, los cerdos escribieron en un muro de la granja un nuevo y decisivo  Mandamiento:

“TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES,
PERO ALGUNOS ANIMALES
SON MÁS IGUALES QUE OTROS”

Los cerdos de la granja se mimetizaban con los comportamientos del líder Napoleón, imitándole hasta en los gestos más ridículos: cierto día apareció en público con un látigo en la mano, y todos los demás cerdos hicieron lo mismo. Se dotaron también de los más modernos artilugios que hacían más cómoda la vida siguiendo las pautas y el ejemplo del carismático e insustituible líder.

A nadie le pareció mal  ver a Napoleón fumar en pipa ni ver a los cerdos vestidos con las ropas del Sr. Jones, llegándose a una exhibición inolvidable cuando el incombustible Jefe se puso una chaqueta negra, pantalones bombachos y polainas de cuero, y su favorita lució el vestido de seda de la Sra. Jones  de los domingos. Pocas semanas después de la gala de las vestimentas, una caravana de coches de los granjeros vecinos visitó “Granja Animal”, invitados por Napoleón  con los que deseaba hacer negocios a pesar de su humanidad. Los animales de la granja lo veían y no se lo creían. Ni siquiera se atrevían a levantar los ojos del suelo para ver el desfile mientras trabajaban. Tenían tanto miedo de los hombres como de los cerdos.

Por la noche se oyeron voces, canciones  y carcajadas en la antigua casa del Sr. Jones, reconvertida en fortaleza y palacete  de Napoleón. Los animales se fueron acercando  y a través de las ventanas vieron sentados a la mesa a seis granjeros y a los seis cerdos más eminentes del Comité. Napoleón presidía la mesa. Jugaban a las cartas, brindaban y bebían y bebían sin descanso. Uno de los granjeros, brindó destacando en su discurso la gran disciplina  reinante en la “Granja Animal” en la que nadie se oponía al jefe y nadie daba señales de la más mínima crítica a sus métodos. Eso representaba una gran sorpresa, ya que los humanos esperaban encontrarse con una desagradable anarquía. Prometieron incorporar a sus métodos de trabajo el ejemplo de la férrea disciplina. También le parecieron bien las diferentes clases sociales de los animales de la granja a la vez que se compadecían de los cerdos por su paciencia y dedicación para con los más animales: “Si ustedes tienen que lidiar con sus animales inferiores, nosotros tenemos también  nuestras  clases inferiores”, dijo. Y se terminó brindando una vez más por la prosperidad de la “Granja Animal”.

Napoleón contestó al discurso diciendo que querían convivir en paz con sus vecinos los humanos, y que la granja que él controlaba era una cooperativa que pertenecía a todos los cerdos y que   volvería a llamarse “Manor”. Siguieron los discursos y siguieron los brindis por la prosperidad de los cerdos.

Los animales, incrédulos y resignados,   observaban desde fuera que los rostros de los cerdos se habían alterado: unos tenían cinco papadas, otros cuatro, otos tenían tres. Todo ello era fruto de su progreso y bienestar. Cuando los animales se disponían a volver a sus  miserables establos tras constatar tan edificante escena, se quedaron estáticos tras los cristales  al oír gritos y voces, producto de una fuerte discusión. El juego de naipes se interrumpió violentamente cuando Napoleón y un granjero se descubrieron  mutuamente el as de espadas que cada uno se guardaba  para hacer trampas:

“Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Lo animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era el otro”.

Este es el final de la novela de George Orwell, "Rebelión en la granja”. El tiempo ha pasado,  pero los comportamientos de los dictadores, las  nomenclaturas de algunos partidos y los vividores de la política  permanecen. Napoleón y sus cerdos viven en el subconsciente colectivo y a pesar del repudio que generan, siguen progresando mientras las ovejas siguen balando y aplaudiendo.

13 de diciembre de 2012

Capítulo 2. “Rebelión en la Granja” (II de III): Los cerdos se hacen expertos en represión, aniquilación del contrario y privilegios.

Donde se cuenta que los privilegios de los jefes no son tales, sino puro sacrificio, y que la obediencia ciega es preferible a la inteligencia. Se consideran virtudes necesarias para  todo líder que se precie  la sagacidad, la apariencia y el engaño. Se transmite la idea de  que una fuerte represión y la aniquilación de los opositores constituye la base del mantenimiento del jefe en el poder. Se crea un nuevo lenguaje adulador y se glorifica al líder  en medio del  aplauso del ganado más estúpido.
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El portavoz del nuevo y único jefe, Squealer, difundió por la granja que la asunción del poder por Napoleón le  representaba un gran sacrificio sin placer alguno y mucha responsabilidad. A pesar de su privilegiado puesto de poder absoluto, Napoleón aseguraba creer en la igualdad de todos los animales...
Si en las conversaciones se hablaba de Snowball, el camarada jefe  decía de él que  era un criminal y un traidor, que su valentía en la batalla contra el Sr. Jones  y su inteligencia no eran suficientes,  ya  que prefería “la lealtad,  la obediencia y una férrea disciplina”. Aquellos que le oían terminaban diciendo: “Napoleón siempre tiene razón”. Desde entonces, el nuevo líder, acompañado de su portavoz y rodeado de sus perros de presa, se prodigó en dictar  órdenes incontestables a todos los animales. Squealer explicaba incansable la táctica seguida por Napoleón: “aparentar oponerse a Snowball para desenmascarar al traidor y deshacerse luego de él”. Era, como puede verse, una muestra más de la sagacidad innata del jefe apoyada en los gruñidos y ladridos de  sus feroces y fieles perros guardianes.

Los habitantes de “Granja Animal” trabajaban como bestias, sin descanso ni recompensa, tanto en las faenas de labranza como en la construcción del “Molino de Viento”. Mientras tanto, los cerdos abandonaban sus pocilgas y se trasladaban a vivir a la casa del antiguo dueño, el Sr. Jones, pues eran el cerebro de la granja y necesitaban mejores condiciones de vida. Antes de que algún otro animal presentara la más mínima crítica, Squealer se adelantó  argumentado y demostrando que dormir en camas no era nada malo, porque el “4º Mandamiento” lo que prohibía era “dormir en camas  con sábanas”…

La inmensa obra de la construcción del “Molino” finalizó por fin, y cuando todos se las daban muy felices y esperaban descanso  a su fatiga,  y una energía alternativa que disminuyera sus esfuerzos…, una fuerte tormenta lo destruyó. Como era de esperar, había que buscar un culpable, y se  responsabilizó a Snowball de semejante fechoría. Se le acusó de traidor, de falta de solidaridad con los animales, de resentido por su expulsión de la granja,  y fue sentenciado a muerte.

Napoleón animó a los animales a reconstruir el “Molino”, arengándoles con vehemencia a que no se dejaran intimidar por los subversivos que decían ser buenos miembros de la comunidad, pero que en su fuero interno la detestaban; seguían creyendo al líder, como era de suponer, y le agradecían sus desvelos, trabajando y trabajando sin desmayo otra vez más en la obra del “Molino” y en la labranza…Las cosechas vinieron muy mal, y Napoleón, siempre tan sagaz y tan listo, ordenó que los graneros se llenaran de arena, y solo por encima se cubrieran con grano de verdad. De esta forma se ocultaba la realidad y se evitaban críticas y descontentos  que desgastaran inútilmente  su autoridad. Incluso salió fortalecido del desastre: contrató a un adulador exterior para que visitara la granja,  viera los graneros llenos de fruto y  propagara dentro y fuera la situación de envidiable abundancia de la que disfrutaban. Todo fueron felicitaciones y agasajos al líder por el éxito conseguido.

Como Napoleón quería transmitir a los animales la sensación de seriedad en su trabajo, de  constancia y perseverancia en el estudio de mejoras para las condiciones de vida, a duras penas salía de la casa. Las puertas siempre estaban custodiadas por sus canes de aspecto feroz. Y si alguna vez aparecía en público, lo hacía de forma ceremoniosa, saludando y sonriendo a sus fieles y  escoltado por sus perros guardianes.

 El líder  tenía sus espías particulares que le "informaban" de las  quejas de los animales, y sabiendo que había estallado un conato de rebelión entre algunos de los cerdos más allegados pertenecientes a su Junta Directiva, mandó  reunir a todos los habitantes de la granja. En ese momento, sintiéndose pletórico de  fuerzas, y para evitar insubordinaciones posteriores, acusó a los cuatro cerdos que se opusieron a su decisión de abolir los debates del domingo y a su modo autoritario de actuar,  de colaboradores de Snowball en la destrucción del “Molino”. Los destituyó  de sus cargos, y sus perros de presa terminaron con ellos, desgarrándoles sus gargantas habladoras y maldicientes. En ese momento comenzó la gran represión del jefe hacia los insurrectos y contestatarios. Para evitar tergiversaciones de su sabia decisión, se cambió ligeramente el “6º Mandamiento” quedando así establecido: “Ningún animal matará a otro animal sin motivo”.

A Napoleón se le empezó a llamar de forma reverencial “Nuestro líder, sabio Napoleón”, “Nuestro camarada Napoleón”, y los animales le daban títulos como “Padre de todos los animales”, “Protector del rebaño de ovejas”, “Salvador indiscutible de la granja”, ”Virtuoso de los perros de presa” y otros calificativos más íntimos.

 Se reconstruyó de nuevo el “Molino”, pero los hombres, envidiosos del progreso de la granja y de Napoleón,  enemigos acérrimos del animalismo,  lo dinamitaron no quedando piedra sobre piedra, y emprendieron una encarnizada batalla contra los trabajadores  de “Granja Animal”, que se defendieron valientemente. Fueron los feroces perros de Napoleón  quienes los salvaron de los humanos.

A partir de entonces,  se notó cierto progreso y relajamiento en las virtudes de los  cerdos, por lo que se modificó sutilmente el “5º Mandamiento” quedando así expresado: “Ningún animal beberá alcohol en exceso. Este mismo progreso trajo una división de clases entre los animales, y se acordó que cuando un cerdo se cruzara con otro animal, éste se retirara con respeto a un lado y le hiciera una o más reverencias, según las diferentes categorías. Así mismo se instauraron las “Demostraciones espontáneas” para celebrar los diversos  triunfos  de la “Granja animal” y siempre que lo ordenase el líder Napoleón, al que se vitorearía con emocionada y franca sinceridad. Sin duda, eran las ovejas los animales más aficionados a estos eventos y los que aplaudían y enaltecían al protector con su aborregado entusiasmo.

8 de diciembre de 2012

Capítulo 1. “Rebelión en la Granja” (I de III): La conquista del poder.


Donde se narra la gestación de la revuelta y  la llegada de los cerdos al poder con la promesa  de una vida mejor, conforme al  ideario animal. Se habla del penoso trabajo de los animales y del ascenso de una nueva casta privilegiada. Se constatan, tras la rebelión,  las diferencias irreconciliables entre los cerdos jefes, y se nota  la falta de juicio crítico  del estúpido ganado lanar que permitirá la eliminación del contrario para anular cualquier oposición al líder...
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Sucedió hace algún tiempo en la “Granja Manor” (Feudal) del Sr. Jones, y quizás esté ocurriendo ahora mismo en alguna cooperativa, partido político, sindicato o asociación…

El “Viejo Mayor”, el verraco más distinguido de la granja, de aspecto noble y  sabio, tuvo un sueño, en vísperas de su muerte,  que compartió con los otros animales: “Todos los males de nuestras vidas provienen de la tiranía de los seres humanos, que nos explotan para su beneficio  sin darnos nada a cambio, y la única solución está en rebelarse contra ellos”. Años después, el 28 de agosto de 1963,  Martin Luther King, en un memorable discurso en los escalones del monumento a Lincoln en Washington, dijo también  a sus oyentes: "Yo tengo un sueño"… y se produjo otra deseada y  necesaria revolución...

Las revelaciones del “Viejo Mayor” no cayeron en el vacío. Desde aquel día los animales de la “Granja Manor” se agruparon en secciones y comités como tarea preparatoria de la rebelión en ciernes. El trabajo cualificado del proyecto recayó en los cerdos, considerados como los más listos y capacitados.

La desidia, los vicios, la vagancia y holganza del Sr. Jones precipitaron la revolución. Tras una solemne borrachera, y algo más, el dueño se olvidó de alimentar a las bestias que le servían. Hartas del desprecio y  el abandono,  se levantaron, expulsaron al dueño y se adueñaron de la granja. El “Viejo Mayor” lo soñó, pero murió antes de verlo cumplido.

Napoleón y Snowball eran dos de los cerdos jóvenes más sobresalientes y activos que se pusieron al frente de la revuelta. Una vez expulsado el Sr. Jones de su propiedad, enseñaron la casa  y las comodidades de las que disfrutaba el dueño al resto de los animales, quienes se percataron de que todo ello había sido a costa de su esfuerzo y trabajo. Acordaron en ese momento “que ningún animal viviría allí jamás…”

Cambiaron el nombre de “Granja Manor” por el de “Granja Animal” y escribieron sobre las paredes los “Siete Mandamientos” (sic) que regirían la nueva sociedad animal:

1.- Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2.- Todo lo que camine sobre cuatro patas o tenga alas,  es un amigo.
3.- Ningún animal usará ropa.
4.- Ningún animal dormirá en una cama.
5.- Ningún animal beberá alcohol.
6.- Ningún animal matará a otro animal.
7.- Todos los animales son iguales.

Los cerdos, que ya sabían leer,  pretendieron culturizar a las bestias, enseñándolas a leer, a escribir y a interpretar, pero fue una ardua tarea con poco éxito para tanto sacrificio. Todos trabajaban en la granja con ahínco y dedicación menos los cerdos, que dirigían y supervisaban  a los demás.

Snowball y Napoleón, los más activos en los debates,  nunca estaban de acuerdo. Cada sugerencia del uno era rechazada por el otro. Snowball era el gran organizador de la granja, el idealista  que pretendía mejorar la vida de los animales y  quien tenía las ideas más claras de cómo llevarles la  felicidad. Para evitar un esfuerzo vano, vista la dificultad de aprendizaje,  redujo a una sola máxima los  “Siete Mandamientos”: “¡Cuatro patas sí; dos pies no!”, resumen del principio del "animalismo" reinante.

Lo más importante para Napoleón era la educación de los jóvenes animales, cerdos y perros principalmente, a los que él mismo adiestraba  en las estrategias de la lucha y la represión.

Como los puercos trabajaban principalmente con el cerebro, necesitaban comida en mayor cantidad y  calidad. Al ser sus puestos de responsabilidad,  debían disfrutar de  privilegios que mejoraran sus condiciones de vida. La dirección de la granja dependía de ellos, y ellos eran los jefes y quienes velaban por la felicidad común. Todos reconocían que Snowball era el organizador,  que él fue quien diseñó la batalla de liberación animal  contra el Sr. Jones y quien tenía un proyecto común de futuro.

Las discrepancias entre Snowball y Napoleón eran irreconciliables y cada cual tenía sus partidarios. El primero, con sus brillantes discursos, convencía a la mayoría, pero Napoleón le arrollaba cuando de obtener apoyos al margen de las sesiones y debates  se trataba, ya que era experto en marrullerías y malas artes. Curiosamente, las ovejas siempre interrumpían los discursos y proyectos de Snowball, cosa que no ocurría con Napoléon.

Los animales se dividieron en dos facciones, con sus lemas respectivos: “Vote por Snowball y la semana de tres días” y “Vote por Napoleón y el pesebre  lleno”. Debido a su propia naturaleza, la mayoría de los animales no gozaban de  un buen juicio crítico. Escuchaban a uno y a otro y no sabían quién de ellos tenía razón. Siempre estaban de acuerdo con quien en ese momento hablaba.

El terrible enfrentamiento entre Snowball y Napoleón, a costa de la instalación del “Molino de Viento” que el primero diseñó para producir electricidad,  se resolvió por las bravas, cuando el  último reclamó  ayuda y nueve enormes perros con  collares de  clavos, se lanzaron contra Snowball,  quien tuvo que huir y abandonar la granja para salvar la vida. ¡Singular persecución la de los perros de presa, los pretorianos de Napoleón!  

A partir de ese momento se acabaron los debates y las discusiones sobre los asuntos de la vida de la granja. Todo sería resuelto por un comité de cerdos presididos por el mayor de ellos. Los animales, cerdos incluidos, que se opusieron a la medida fueron amedrentados, atemorizados y conminados   por los feroces  y entrenados perros de presa a no volver a hablar en asamblea alguna.

Y aquí comienza la verdadera historia del cerdo Napoleón, jefe supremo de la granja, hacedor de argucias engañosas  y componedor de  viles estrategias del poder, adulado por unos pocos y odiado por muchos más.

3 de diciembre de 2012

El cerdo Napoleón, líder de la "Granja Manor". ( A modo de introducción)

En una reunión muy reciente defendí el supuesto de que  la educación  ni  igualaba a las personas ni las oportunidades de trabajo ni generaba empleo, que cuanto mayor educación (en concreto, instrucción, preparación o capacitación) y de mejor calidad recibiera un  individuo más le desigualaría   del resto,  y que a las oportunidades creadas por otros acceden los mejor preparados. Mi tesis era contraria a otra mayoritaria: “Una formación profesional de calidad es generadora de igualdad de oportunidades y de crecimiento  de empleo y desarrollo”. Me afané, en vano, en explicar que la función de la educación consiste en  colaborar al desarrollo  de las capacidades individuales de cada persona, y que poco tenía que ver con "el crecimiento del empleo y desarrollo (económico)". Les recordé que debían olvidarse el “Mandamiento” inicial de la “Granja” de George Orwell, “todos los animales son iguales”, y recordar el definitivo con su añadido  “pero unos son más iguales que otros”. Si hubieran pensado un poco más en Mounier (“educar es despertar seres capaces de vivir y comprometerse como personas”) y en el profesor ribereño, Víctor García Hoz (“educación es el perfeccionamiento  intencional  de las facultades específicamente  humanas”),  y algo menos en las querencias de E. Durkheim,  quizás no hubiera habido  controversia.

Ignoro si la cita fue bien o mal llevada, pero lo cierto es que algunos asistentes se ofendieron  por su “situación” en la “comparación imaginada" y no pretendida. Ni siquiera llegué a plantearme que existiera analogía alguna entre la asamblea aquella y "la granja". Y para constatar que realmente tampoco la hay, intentaré realizar un análisis más minucioso y cada cual juzgue con objetividad los hechos.


(Derecha, foto que aparece en la acreditación de Orwell para la Branch of the National Union of Journalists (1933).

George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, publicó en 1945 “Rebelión en la granja” como una mordaz  sátira contra el estalinismo entonces reinante. Sin embargo,  es un mensaje universal contra la corrupción que genera el poder omnímodo ejercido desde cualquier signo y en cualquier ámbito  o nivel, y contra el relativismo de la verdad que dicho sistema pretende metamorfosear en función de sus intereses.

Orwell tomó como punto de arranque la traición a una revolución que ocasionó millones de muertos entre purgas y campos de concentración o "gulags", e inutilizó ingentes esfuerzos y sacrificios jamás recompensados. Sirve también la idea motriz de la alegoría  como una fina crítica a los pequeños jefecillos actuales, de tan  escasos recursos intelectuales como abundantes resortes expeditivos contra los ingenuos que discutan "sus razones” y pongan en peligro  "sus dominios".  En la contraportada  del libro aparece un texto que resume la obra, que bien pudiera trasladarse a nuestros días:

 
“Rebelión en la granja” es un examen de conciencia y una inflamada requisitoria que encuentra bellísima expresión literaria en la novela de un hombre que hizo del compromiso y de la  denuncia de la injusticia la norma de su existencia.

 (Izda. Portada de la versión alemana de "Rebelión en la granja", de G. Orwell)

 A quien conozca la novela le parecerá extraña la pretensión  de concentrar en un solo personaje todo el trabajo: el cerdo NAPOLEÓN. Los capítulos discurrirán  desde su etapa  de luchador por la conquista del poder hasta su conversión en un líder corrupto  y totalitario, una vez conseguido.

 Sin embargo, el empeño puede dar sus frutos. A lo largo de "tres" capítulos veremos otro devenir novelado de NAPOLEÓN con un seguimiento fiel de la obra original que no alterará la intención del autor. No se trata ni de mutilar ni de enmendar a Orwell, sino de poner el foco y la lupa en el personaje escogido  y  sugerir al lector que le comparen  con otros líderes actuales, o aprendices de ello,  y permitirle sacar sus propias conclusiones.

Animo a leer “Rebelión en la Granja” a quien aún no lo haya hecho. Sin duda disfrutará  de una crítica  que no ha perdido su fuerza inicial y que conserva la suficiente acidez, en dosis apropiadas,  para algunos políticos de ella merecedores, e  invito a seguir los tres episodios de Napoleón y sus adeptos.